02 noviembre 2017

Los venaditos de Nara

Recuerdo que cuando era niña, tenía esta concepción de que los animales y la naturaleza en general eran algo inalcanzable, parecido a un tesoro cuyo valor excedía el de cualquier otra cosa. Mis papás tenían que pasar horas consolándome porque el ver un poco de humo en la montaña, ver un perrito en la calle, o que me dijeran que nunca iba a tener la posibilidad de conocer a algún animal, me provocaban esos berrinches que tan poco ellos soportaban.

En mi adolescencia, las cosas cambiaron: empecé a obsesionarme con los humanos, en querer ser aceptada por ellos. Pasaba horas escribiendo “chismógrafos” para estar segura de que X o Y me consideraban su amiga.

Aún cuando vine a vivirme a Francia, me sentía atormentada al pensar que no tenía amigos, que el estar sola era mi castigo por mi forma de ser.

Pero un día llegó Aston - el perrito de un amigo de Pame – y las cosas empezaron a cambiar en mi manera de pensar. El cariño desinteresado que éste me dio y las cosas que éste me enseñó me hicieron recordar que para tener magia no necesitaba buscar a mis congéneres, que ésta ya no se encontraba en esa masa de seres aburridos.

Y así fui buscando de nuevo mi “alegría” con otros seres vivientes. Insistí en convivir con ellos, en sus hogares, en sus ciudades.

Los monos de Lopburi. Los elefantes de Kanchanaburi. Los venados de Nara.

DSC_5715


Durante nuestro viaje a Kyoto, decidimos dedicar uno de nuestros días a compartir con los venaditos de esta simpática ciudad, quienes viven en libertad, esperando a que un humano se digne en darles de comer.

Era un día muy frío, en el que desgraciadamente tuvimos que vivir un retraso de tren (sí, un retraso de tren en Japón). Después de un café podrido del 7/11, nos dirigimos al parque en el que se encontraban todos los venaditos.

DSC_5672

Fue curioso cómo todos éstos caminaban libremente entre nosotros y cómo al vernos con las galletas que compramos en los puestecitos del parque, se inclinaban para que se las entregáramos. Sí, lo hacían de la misma manera que los japoneses cuando saludan.

DSC_5722

Nuestra visita en Nara fue corta puesto que decidimos dedicarnos únicamente a estar con los venaditos, y no tanto a tomar fotos ni a turistear, y por otro lado, nuestro deseo de regresar a Kyoto a comer en uno de los restaurantes más famosos de okonomiyakis del lugar (sí, fue el mismo restaurante frente al cual me tomé fotos con mi kimono), nos empujó a sólo dedicarle únicamente unas cuantas horas al lugar.

Pero Nara siempre seguirá siendo eso... Un paso más lejos de los humanos, y un paso más cerca a mi verdadero ser, a mi verdadera alegría.

DSC_5667

DSC_5675

1 comentario:

Frederik dijo...

Hola. Quiero animarte a seguir escribiendo. Te recomiendo esta página en la que encontrarás más de 50 revistas (y catálogos) de Antropología y Ciencias Sociales, dale "seguir":
https://antropologia-ccss.blogspot.pe/p/blog-page.html?m=0