04 septiembre 2017

Nakano vs. Akiba

En cada viaje, hay un momento en el que sentís que el lugar que acabás de descubrir empieza a ser adoptado por tu ser, y va convirtiéndose en tu día a día.
Tokyo comenzó a convertirse en mi mini hogar ese tercer día. Pame y yo ya teníamos establecido nuestro trayecto de Setagaya a Shibuya, con el objetivo principalmente de ver la evolución del Sakura en el puente que quedaba a unos cuantos metros de nuestro Airbnb. Día 3: los botones estaban convirtiéndose en flores.
Tenía esa extraña sensación de que Tokyo iba adoptándome poco a poco a mí también.
Hermine (o cámara fotográfica) pedía “ojos” nuevos para apreciar lo que presenciaba y Japón era exactamente el lugar perfecto para adquirir un nuevo lente usado, pero de buena calidad y en buenas condiciones.
Aprovechando que Pame moría por visitar tiendas de juegos de video usados y de cosas de anime, tomamos nuestros metros hasta Nakano.
DSC_4963

DSC_4944
Nakano no suele ser el barrio que un turista “primerizo” incluye en su itinerario. Digamos que la mayoría suele llevarse más por lo impresionante de Akihabara (o Akiba) para el tipo de actividades que Pame y yo deseábamos hacer ese día, pero nosotras estábamos determinadas a darle un chance a Nakano.
Mi experiencia comprando un lente en Nakano fue muy buena, a pesar de que el vendedor y yo no hablábamos nadita las mismas lenguas. Confieso, aún así, que iba preparada: había visto en Internet si el lente estaba disponible en la tienda, vi los precios, etc. Los precios son fantásticos, sobre todo gracias al Tax Free.
DSC_4946
DSC_4943
El camino de regreso al metro me llevó hasta esta tienda de nombre francés, en la que de casualidad vendían panes “kawaii”, y por favor, díganme cómo iba a detener a esta amante de “melon pans” (los primos japoneses de las semitas) de llevarse uno en forma de totoro a su picnic al parque Ueno.
DSC_4993
Pame y yo íbamos con la idea de comer un mini almuerzo en este parque: nos imaginábamos como todas buenas japonesas, en nuestros manteles azules, debajo de los cerezos. Con lo que no contábamos, es que un millón de japoneses tendrían la misma idea un miércoles a las 3 de la tarde.
DSC_4970
Nos conformamos con caminar una hora y sentarnos en unas graditas, con nuestras ramunes y nuestros panes. El comer y beber cosas que amamos fue el descanso perfecto para seguir con nuestro peregrinaje, el cual nos llevó hasta Akihabara.
DSC_4980
DSC_4991
DSC_5003
Era el momento perfecto para comparar un barrio con el otro. Si me preguntan cuál es el ganador, pues tendré que decir que es Akiba… Sobre todo si quieren vivir emociones extremas: carteles gigantes de anime por todos lados, luces de neón, hombres rabo verde
hostigando a las niñas que publicitan los Maid Cafés, máquinas de “gashapons” en cada esquina (Akiba, el lugar donde pude hacer la colección de Sailor Moon que soñé con hacer cuando era niña), un mar de tiendas de video juegos usados, choques culturales en el Mcdonald’s, al ver que era más silencioso que una biblioteca en nuestros países (a pesar de estar lleno de niños), piernas acalambradas y temblorosas por caminar durante más de 5 horas seguidas (sin contar las horas de Nakano y Ueno).
DSC_5031
DSC_5041
DSC_5126
DSC_5035
Era el momento perfecto para comparar un barrio con el otro. Si me preguntan cuál es el ganador, pues tendré que decir que es Akiba… Sobre todo si quieren vivir emociones extremas: carteles gigantes de anime por todos lados, luces de neón, hombres rabo verde
hostigando a las niñas que publicitan los Maid Cafés, máquinas de “gashapons” en cada esquina (Akiba, el lugar donde pude hacer la colección de Sailor Moon que soñé con hacer cuando era niña), un mar de tiendas de video juegos usados, choques culturales en el Mcdonald’s, al ver que era más silencioso que una biblioteca en nuestros países (a pesar de estar lleno de niños), piernas acalambradas y temblorosas por caminar durante más de 5 horas seguidas (sin contar las horas de Nakano y Ueno).

No hay comentarios: