09 agosto 2017

Lolita Makeover en Harajuku

Quienes me conocen saben que dentro de este caparazón de minimalismo y simpleza, habita un ser cuyo amor por los peluches rosados, los arcoíris, los cachorritos, los vestidos, los cheesecake de fresa y todo tipo de dibujo al estilo “Chibi”, lucha contra su odio por la humanidad, su eterno amor por los colores rojo y negro y su decepción permanente.
Esta combinación extraña - que representa una parte de mi personalidad - había estado reprimida exteriormente hasta el momento en el que puse mis pies en Harajuku y su cultura alterna-kawaii-anime-cosplayer-lolita-emo,etc.
Este barrio era uno de los lugares que más soñaba con visitar, mientras organizaba mi viaje. Sentía que al fin podría liberar ese deseo de ser un poco más “completamente” quien soy.
Y no me equivocaba, puesto que fue en Harajuku donde tuve la oportunidad de vestirme, durante 2 horas, como una lolita.
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Para quienes no la conocen, ésta es una moda japonesa basada en el estilo victoriano, en María Antonieta y en esas muñecas que ustedes muy probablemente llaman “diabólicas”.
Dentro de esta misma moda, existen otros tipos de divisiones, entre ellas las Gothic Lolitas (o “Gossic” Lolitas, como ama llamarlas Pame), las Sweet Lolitas, Punk Lolitas, etc.
En fin, el punto es que me rehusaba a no sentirme en los zapatos de una Lolita (literalmente) durante este viaje, y cuando encontré el salón Maison de Julietta ( http://www.maison-de-julietta.com/ ), no lo pensé ni 2 segundos antes de reservar.
Así que tomé el vestido más negro que encontré, los únicos zapatos rojos del lugar, y pedí que el maquillaje fuera lo más “sweet” posible, siempre manteniendo el uso de mis 2 colores predilectos.
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No sé si el resultado de “mi” Lolita entra dentro de una categoría, pero sí sé que representa exactamente lo que yo quería crear: una Lolita “à la Gabriela”, por así decirlo. Gracias Maison de Julietta por hacer realidad mi visión jajaja.
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El precio de esta transformación es bastante elevado, y muchas personas seguramente pensarán que estoy loca por haberla hecho, pero tomando en cuenta que el alquiler del vestuario y de la peluca, el maquillaje, el peinado, una sesión de fotos, la descarga de 3 fotos están incluidos, el dolor es menor, y bueno, siempre he sido de esas personas que prefieren atesorar experiencias y recuerdos (blah blah).
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Siguiendo aquel dicho “si pecás, pecá completamente”, decidí pagar un suplemento para utilizar al exterior mi transformación. Sinceramente, no me habría sentido conforme si me hubiera limitado a hacerme las fotos de estudio. Quería inmortalizar la experiencia en las calles de Harajuku.
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Mi satisfacción llegó a su nivel máximo cuando una turista me detuvo en la calle y me pidió que me tomara una foto con ella (a pesar de que le insistí que no era japonesa). Al menos, esta muchacha regresó a su país contenta porque había “cazado” una Lolita (jajejijoju).
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Mi experiencia “harajukiana”, post-transformación Lolita, no fue muy larga debido a que, desgraciadamente, preferí tirar todo mi tiempo y mi dinero en el Daiso del lugar (o sea, quién puede resistirse antes las esponjas en forma de panda y las redes de lavadora de Hello Kitty), y sinceramente es un lugar que quiero volver a visitar.
Sueño con visitar más detenidamente Takeshita Dori, comerme una crepa en Marion crêpes, visitar la tienda de condones, tirar mi dinero en Kiddyland.
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Creo que Harajuku merece una segunda parte en mi vida.

















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