09 agosto 2017

Lolita Makeover en Harajuku

Quienes me conocen saben que dentro de este caparazón de minimalismo y simpleza, habita un ser cuyo amor por los peluches rosados, los arcoíris, los cachorritos, los vestidos, los cheesecake de fresa y todo tipo de dibujo al estilo “Chibi”, lucha contra su odio por la humanidad, su eterno amor por los colores rojo y negro y su decepción permanente.
Esta combinación extraña - que representa una parte de mi personalidad - había estado reprimida exteriormente hasta el momento en el que puse mis pies en Harajuku y su cultura alterna-kawaii-anime-cosplayer-lolita-emo,etc.
Este barrio era uno de los lugares que más soñaba con visitar, mientras organizaba mi viaje. Sentía que al fin podría liberar ese deseo de ser un poco más “completamente” quien soy.
Y no me equivocaba, puesto que fue en Harajuku donde tuve la oportunidad de vestirme, durante 2 horas, como una lolita.
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03 agosto 2017

Senso-Ji (Asakusa) y Meiji-Jingu: tradición post jet lag

Tengo nostalgia. Nostalgia por mi días japoneses y mis momentos extremos a lo “Lost in Translation” en Tokyo, entonces vuelvo a vivir esos días dorados y florales de abril.

1ero de abril. Llego a Tokyo en la mañana, como a eso de las 11. Hacemos una fila, pequeña, en un cuarto que no llenó mis expectativas de ultra tecnología japonesa. Pero llevaba mis sueños y esas cosas.

Recogimos nuestro “Pocket Wifi” y buscamos inmediatamente nuestro tren a Shibuya, el cual parecía aún más limpio y más moderno que el TGV francés… “Amor a primera vista” me dije, y me quedé dormida como consecuencia del jet lag (olvido decir que un muchacho japonés fue muy amable con nosotras y llegó a ayudarnos al ver nuestras caras de perdidas en Tokyo).

Al llegar a Shibuya, las cosas se pusieron un poco críticas. Estaba ese plano de metro sobre nuestras cabezas, pero todo estaba escrito únicamente en japonés.

Traten de encontrar soluciones a esas situaciones con 8 horas de menos de sueño en su cerebro.
Supongo que teníamos apariencias de zombies porque una muchacha se acercó a intentar explicarnos qué pasaba con la máquina en la que estábamos comprando nuestros boletos (simple y sencillamente, la máquina no quería darnos nuestra 2da Suica porque estaba mala).

Decidimos entonces comprar nuestra 2da Suica en otra máquina, con mucho éxito por suerte, pero regresó el problema del plano de metro: ¿cómo demonios íbamos a hacer si no entendíamos nada de lo que estaba escrito?

Apretamos el botoncito para que un agente saliera de las paredes de la estación, pero nada, nunca salió el tal señor. (Sí, yo soñaba con que sucediera esto: https://www.youtube.com/watch?v=gWzhHInOiaY)

Decidimos ser un poco más tradicionales, y nos acercamos a un agente que no se encontraba dentro de los muros, y le preguntamos cómo llegar hasta “Ikejihiri-Ohashi”.

Como el señor no hablaba bien inglés, y nosotras aún peor japonés, éste, muy amablemente, nos llevó hacia la línea de metro que teníamos que tomar para llegar a nuestra estación de destino.

¡Bendita sean la educación y la amabilidad japonesas!

Al llegar adonde Nao, nuestros cuerpos se sintieron como en casa, inmediatamente. El apartamento era perfecto para nuestras almas “aventureras de lujo”: limpio, amplio, iluminado y sobre todo, cercano a Shibuya.

El que estuviera al lado de Shibuya fue toda una bendición, pues nos permitió premiarnos, desde la primera noche, con un Omuraisu – chicken nan ban y muchos regalos de Sailor Moon que quería autodarme.

Y bueno, Shibuya en la primera noche de estancia, siempre es impresionante.
Pero al día siguiente, después de atiborrarnos de “Melon pans” y cafés del 7-11, preferimos quedarnos en lo tradicional, y escogimos como lugar de visita al templo de Senso-ji.