27 junio 2017

Dia 6 y 7 – Skaftafell y Reykjavik

Después de la trágica experiencia en Jokülsarlón, obviamente vino el buen tiempo. Y el buen tiempo en Islandia tiene su magia, puesto que el día parece nunca terminar de empezar.
En otras palabras, se vive en una mañana de mas de 7 horas, pasando directamente a una noche sepulcral.

Como cualquier visita decorada con buen tiempo, nuestra visita en Skaftafell fue una de las aventuras más agradables del viaje.
A parte del buen tiempo, estuvo la soledad: el parque parecía vacío, y la presencia de los seres humanos sólo nos estorbaba durante máximos unos 2 o 3 minutos.
Por otro lado, los paisajes maravillosos con los que nos topamos nos hicieron creer de nuevo en la existencia de la “vida”.
Y cuando hablo de la “vida”, me refiero a esos momentos cuando los colores, los sonidos, lo que se respira, y todo ese tipo de cosas se combinan creando un torbellino que hace latir a tu corazón a 1000 por hora y te hace gritar internamente: “Aquí estoy! Aquí estoy!”.






















Pocas veces he sentido esto en mi vida adulta, y extrañamente, suele pasarme estando en cúspide de algún sitio, como cuando nos detuvimos unos minutos en La Tigra en el 2007 o cuando visité Les Vosges ese mismo año. 
Pero en Islandia me encontré abajo, al mismo nivel, en el mismo canal… Algo parecido a lo que sentí en el Desierto del Sahara, pero aún más complejo.






















Al dar las 2:00 pm, decidimos irnos y despedirnos de la belleza proporcionada por Skaftafell: 5 horas de recorrido nos esperaban para llegar a Reykjavik y tomando en cuenta que la noche se acercaba, preferimos no eternizarnos en el lugar.
A pesar de todo, decidimos hacer algunas paradas para tomar café, tomar fotos y apreciar por última vez lo que hacía que Islandia fuera Islandia para nosotras.




















El problema con esas paradas es que te atrasan en tu viaje, y cuando estábamos a unas cuantas horas de Reykjavik, la noche nos sorprendió de repente, dejándonos con nuestra ansiedad y una oscuridad completa.
Pero nuestra determinación a “sobrevivir” nos ayudó a llegar sanas y salvas a nuestro Airbnb, en donde un cuarto maravilloso, una “host” perfecta y unos pastelitos de arándonos nos esperaban con alegría.
Desgraciadamente, las auroras no llegaron tampoco ese día, pero ya estábamos tan cansadas que la verdad es que no nos importó.

Sin embargo, usamos la última energía que tuvimos el día siguiente en Reykjavik, donde la lluvia decidió cubrirnos de nuevo y despedirse de nosotras (razón por la que preferimos quedarnos más tiempo de lo debido en el Harpa).





















Y así clausuramos nuestro viaje a lo que nos maravilló por algunos días. Prometiéndonos que regresaríamos, que viviríamos de nuevo la experiencia cuando las condiciones meteorológicas fueran mejores.
Si les soy sincera, este viaje llegó en el momento adecuado, cuando mi cuerpo y mi alma estaban sedientos de un descanso de la civilización.
Realmente, es un destino que le aconsejo a todas las personas. Islandia, necesita estar presente en el alma de todo ser humano.