23 marzo 2017

Día 2 en Islandia– El Círculo Dorado bajo un día tenue (06/11/2016)

Es probable que haya fallado en la organización de este viaje, ya que por todos lados leí que noviembre era el peor mes para visitar este país, y aún así decidí ir en esa época.
Mi problema fue que confié en aquellos comentarios que repetían el dicho islandés: “Si no te gusta el clima de Islandia, espera 5 minutos”.
Juro que esperé. Esperé 5 minutos, 5 horas, pero el clima siguió siendo igual de malo de mañana a noche.

Pero no estaba dispuesta a rendirme. Mi idea era visitar Thingvellir y Geysir sin que nada se interpusiera en mi camino (ni la lluvia…).
Así que después de comernos unas cuantas tostadas y un Skyr cada una, Pame y yo preparamos nuestro thermo rojo (bendito thermo) y armamos los hot dogs para el almuerzo.
Alistamos nuestras camisas, nuestros suéteres de Merinos, nuestras polares y nuestros gruesos  abrigos impermeables, y decidimos entrar al baño hasta que… nos dimos cuenta que el agua caliente de la ducha no funcionaba.

Después de ahogarnos en una crisis de pánico, decidí salir corriendo, bajo la lluvia, a la casa de nuestro host de Airbnb.

El señor, muy amablemente, me contestó que sólo tenía que esperar un momento antes de que el agua caliente saliera.

Nuestra impaciencia es nuestra característica más fuerte…

Vestidas con un look de cebollas (díganme que no se sienten de esa manera después de ponerse todas esas capas de ropa), llevamos nuestra hielera repleta de skyr y hot dogs al auto y emprendimos nuestro viaje hacia el Parque Nacional de Thingvellir.

Google Maps fue realmente el héroe de esta historia, ya que sin su guía, Pame y yo nos habríamos hundido en las arenas movedizas de la ansiedad. Sobre todo, tomando en cuenta que la lluvia no estaría dispuesta a abandonarnos…

No puedo decir que la experiencia en el parque de Thingvellir haya sido muy agradable porque la verdad es que el empaparse los pantalones y luchar con el protector impermeable de mi cámara fueron las actividades principales de mi visita.

Pero sí puedo decir que mis ojos disfrutaron lo que vieron y mi mente imaginó todo tipo de luchas “a lo Game of Thrones” en ese lugar.

Por muy lindas que fueran las cascadas, lo que mi mirada capturó con más emoción fueron esas piedrecitas negras que fueron algún día Europa y América (placas tectónicas, tenemos muchas más cosas en común de lo que se puede creer).






































A diferencia de muchos turistas que se encerraron en el centro de información y pagaron más de 5 €por un café horrible de máquina, Pame y yo preferimos encerrarnos en “Jimmy” y tomar de nuestro café horrible del thermo rojo.

Era de las pocas veces en mi vida que tomaba “café de thermo’ y puedo confesar que quedé sorprendida al tomar el primer sorbo: el café estaba aún hirviendo.
Por otro lado, los hot dogs no fueron nada que cambiara mi vida, pero cumplieron las expectativas para llenar el estómago.

Cuando nuestra ropa terminó de secarse, Pame y yo decidimos seguir con nuestro camino.
A pesar de que eran a penas las 2:00 pm, empezábamos a sentir el inicio de la noche sobre nosotras, y si bien teníamos planeado visitar otras cosas ese mismo día, decidimos detenernos en Geysir.
Geysir es hermoso, pero huele al infierno. A un infierno lleno de excremento.

La lluvia siguió arruinándonos el momento, pero las explosiones y columnas de agua justificaron todas nuestras incomodidades.






Si bien la lluvia no dejó que el día fuera perfecto y las fotos tomadas fueran más patéticas que mis años de escuela, el viaje fue hermoso... hasta el regreso tuvo esa perfección indescriptible que sólo los diferentes tonos nocturnos pueden contarnos.