10 febrero 2017

Siete días en el paraíso (nuestra aventura Islandesa)

El año 2016 fue un festival de caos internos el cual me llevó a cuestionar muchas cosas sobre mi vida, sobre mi posición actual en la Tierra, sobre mi interacción con los demás y sobre todo a encontrar las razones por las que he definido mi existencia a través de los ojos de lo "de afuera" (guiando mis acciones a estos entes externos que poco conocía).
Recuerdo haber estado en el trabajo, con un deseo incontrolable de novedad, rogando por liberarme de este cansancio, cuando vino la idea: Islandia.

Había estado temporalmente en este país, sin realmente conocerlo, pero en ese momento, cuando mis ideas  estaban menos claras que de costumbre, supe que tenía que volver a visitarlo y tener un encuentro aún más cercano con él.

Así que reuní mis ahorros del año anterior y compré los pasajes de avión. Alquilé el automóvil sin realmente estar conciente de mis actos y empecé a incluir en mis sueños los paisajes salvajes y la ausencia de seres humanos.

05 de noviembre del 2017 : Introducción

Dos cosas se encargan de hacer que mis experiencias de viaje sean menos placenteras de lo que deseo : la menstruación y la lluvia.
El destino se encargó de ponerlos a los dos en mi camino, durante mi aventura.

En el aeropuerto, sentada en las posiciones más extrañas e incómodas del mundo con la intención de no causar "accidentes", mientras miraba con ansiedad los dibujos de nubecitas y rayitas que la aplicación del estado del tiempo me  proporcionaba, rogué por que estos dos elementos no se encargaran de influenciar sobre el mar de adrenalina que se avecinaba (sí, era la primera vez que Pame y yo viajábamos en auto alquilado, aquí en Europa,  y sí, fue la primera vez que experimentábamos Airbnb).

Al llegar a Reykjavik, no había lluvia. En realidad, no había casi nada a nuestro alrededor: no habían muchas infraestructuras, no habían muchos humanos, pero desgraciadamente tampoco habían shuttles hacia la compañía de alquiler de autos, lo que significaba esperar en temperaturas negativas.

Mi falta de tolerancia al frío me empujó a interactuar con una de las aeromozas, con el objetivo de preguntarle adónde podía encontrar el preciado bus.

La señora me señaló con el dedo el lugar exacto en el que lo encontraría (spoiler: el bus se encuentra en el mero parqueo. Ni se molesten en esperarlo en la parte techada del lugar) diciéndome al mismo tiempo que llegaría en unos minutos.

LOS. MINUTOS. MAS. LARGOS. DE. NUESTRA. VIDA.

Pero el conductor nos recibió muy amablemente, con una sonrisa (primera buena señal de un viaje perfecto).

Llegamos a la compañía, tomamos nuestro 4x4 Jimny Suzuki (que bautizamos “Jimmy”), encendimos nuestro Google Maps (el cual fue como una revelación en este viaje. Descargamos el mapa entero de Islandia en nuestro celular y utilizamos la aplicación offline durante la aventura. FUE PERFECTO. Nunca nos perdimos y esto también contribuyó al éxito de este viaje ).

Al inicio, teníamos mucho temor, pero fuimos acostumbrándonos a la voz molesta de la aplicación. Y cuando llegamos a nuestra primera cabañita nos sentimos victoriosas y llenas de orgullo. Los pajaritos del árbol hicieron un desfile de sonidos para celebrar nuestra llegada. Fue maravilloso.

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Ese día decidimos no visitar nada y utilizarlo únicamente para comprar víveres (spoiler 3: la comida en Islandia no es fuera de lo normal, ni proporciona “orgasmos” culinarios, por lo que comprar cosas en el supermercado es la mejor opción para cualquier persona que esté de paso por este país).
En todo caso, necesitábamos guardar energía y tolerancia para lo que venía al día siguiente: Visita del parque nacional de Thingvellir y de los geysers de Geysir.

Continuará…