18 septiembre 2015

No es justo...



Recordar mis años escolares (de kinder a 2do de bachillerato) es algo muy doloroso y frustrante para mí.

Si bien tuve la oportunidad de aprender muchas cosas, de tener acceso a muchos conocimientos, de tener profesores abiertos  y aprender una lengua que me permitió formar la vida que soñaba, tuve también la desgracia de compartir mi espacio, durante 13 años, con niños (que se convirtieron en jóvenes) que en su mayoría me desagradaban…  No ahondaré en este tema, porque la verdad es un tema rayado en este blog.

Sin embargo, también estaba este grupo muy reducido de personas que toleraba, y algunas de ellas hasta apreciaba. Entre ellas, se encontraba Riguito (o Rigoberto Andrés Paredes Vélez, como los medios lo presentan), un muchacho gordito, callado y simpático, que al ser menor que nosotros (algunos le llevaban 2 años de diferencia), tratábamos a veces como a un niño.