09 octubre 2014

Montparnasse




Montparnasse no es esa torre que se impone en medio de todos esos pequeños edificios hausmanniens ni tampoco las carreras o los insultos que viví. Podría considerar a Montparnasse como ese pequeño pedazo de París en el que viví durante casi un año, en el que me encerré durante los días de desempleo, leyendo libros existencialistas bajo la cobija.

Durante el tiempo en el que viví en este barrio de París, nunca tuve la ocasión de irle a dar una visita a algunos de mis autores preferidos. Desgraciadamente.
Ahora que vivo a muchos kilómetros, metros y tiempo de este lugar, hice el esfuerzo de tirar mi pereza a la basura e ir a visitar a aquéllos que existen en mí.



Café du Dôme

El café de muchos autores, el café de Anaïs Nin. Escribir en una libreta por falta de la privación del diario no fue una técnica inventada por mí en el 2007. Burgués y vacío, pero que fanstasmas que rondan por ahí exigiendo un café, un chocolat au lait o una viennoiserie. Pame no quiso sentarse conmigo a tomar un trago o un diabolo.



Cementerio de Montparnasse

Boule de suif . Naturalismo crudo. Me costó encontrarlo en medio de tantas piedras. Quería únicamente disculparme por haber perdido sus cuentos. Un verano en Honduras en el 2004. La estrecha relación que mi mamá y yo teníamos. Hablar en un restaurante de comida rápida mientras mi libro se caía del auto y las consecuencias de esta pérdida. Sentí un vacío al saber que nunca podría terminar de leer todos los cuentos del recueil. Fue frustrante, pero traté de imaginar que el destino nos uniría de nuevo, evento que sucedió hasta que viví en París. Bendito seas Boulinier.



La Chanson de Prévert y sus hojas muertas me guiaron hasta los cigarros y puros encendidos de Gainsbourg. Tener 16 años no es fácil y mucho menos encontrar canciones que se adapten al estado de ánimo vivido. "Et chaque fois, les feuilles mortes te rappellent à mon souvenir". Sin duda alguna, querido, porque cada una de esas ilusiones y muertos me llevan de nuevo hasta esa canción que no dejo de escuchar en la oscuridad. El Otoño está aquí.



Mi encuentro con Cortázar fue toda una coincidencia. Una coincidencia reciente. Saltar de una página a otra, entre líneas, y sin buscarle un sentido a los mosaicos. Como una piedrita que cae al azar...


Pascal fue quien me me introdujo a Les Fleurs du mal. No me gusta leer por pretender, pero el tormento de L'Albatros no podía describir mejor ese peso que nos ahoga... El peso que lo ahogaba a él como artista. No soy una artista, pero la oscuridad siempre ha estado en mí.

Al llegar hasta Baudelaire, dos niñas miraban al vacío. Eran muy atemorizantes, con sus cabellos largos y su ausencia. Una anciana teñida en pelirrojo se acercó a nosotras gritando el nombre del poeta sus pupilas jamás escogieron una dirección. Limpió la tumba del poeta... Una escena digna de una historia de miedo.






Se termina con lo mejor, con unos de mis escritores preferidos y mi deseo de perder finalmente el miedo. Tengo miedo de la suciedad, y no puedo respirar cuando pienso en todas las bacterias que flotan alrededor de mí... Pero éste era un reto y homenaje de agradecimiento. No podía hacer nada más que dejar plasmado durante un tiempo el acto de dejar de lado, por un tiempo, mis manías.

Gracias por haberme salvado...






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