09 octubre 2014

Montparnasse




Montparnasse no es esa torre que se impone en medio de todos esos pequeños edificios hausmanniens ni tampoco las carreras o los insultos que viví. Podría considerar a Montparnasse como ese pequeño pedazo de París en el que viví durante casi un año, en el que me encerré durante los días de desempleo, leyendo libros existencialistas bajo la cobija.

Durante el tiempo en el que viví en este barrio de París, nunca tuve la ocasión de irle a dar una visita a algunos de mis autores preferidos. Desgraciadamente.
Ahora que vivo a muchos kilómetros, metros y tiempo de este lugar, hice el esfuerzo de tirar mi pereza a la basura e ir a visitar a aquéllos que existen en mí.

03 octubre 2014

Hélène

"Il est parti. Ça lui est bien égal que je reste ici à moisir; ça lui est bien égal que je sois fâchée contre lui, il n'y pense déjà plus." Elle s'assit sur une marche de l'escalier. Paul l'aimait, c'est sûr, il l'aimait depuis trois ans avec fidélité, avec dévouement, avec chaleur; mais elle ne se sentait pas tellement précieuse à ses yeux; elle n'était précieuse pour personne. Qui se souciait d'elle cet instant? Elle était là, baignée de l'odeur de miel et de cacao qui montait de la boutique; elle aurait pu être aussi bien n'importe où ailleurs, ç'aurait été juste pareil. Dans son enfance, elle n'était jamais ni là ni ailleurs : elle était dans les bras de Dieu ; il l'aimait d'un amour éternel et elle se sentait éternelle comme lui ; blottie dans la pénombre, elle lui offrait chacun des battements de son coeur et le moindre de ses soupirs prenait une importance infinie puisque Dieu même les recueillait. Paul était moins attentif ; et même s'il l'eût été davantage, Paul n'était pas Dieu. Hélène se releva. "Je n'ai besoin de personne. J'existe, moi, Hélène ; est-ce que ce n'est pas suffisant?" 
Hélène... "Le Sang des autres", Simone de Beauvoir 
Un libro de Simone de Beauvoir en el metro, donde todos se encuentran encerrados en ellos mismos, donde nadie parece voltearse para ver a su alrededor. Todos se concentran en las pantallas de sus teléfonos, en sus mundos propios, en donde muy probablemente sólo existen las ilusiones de su mundo imaginario, sin humanos, sin nada.

Y el libro de Simone de Beauvoir relata exactamente esta escena, adaptada a los años 40.
Ella sólo deseaba tener respuestas : "¿Soy bonita? ¿La gente me mira? ¿Existo?". A veces se sorprendía mientras tocaba su cara y ésta le era completamente extraña, como que fuera creada por la mente de algo que no era ella. No sentía el calor. "¿Vos considerás que soy bonita? ¿Considerás que si ya no soy ni creo con mis ojos, esto sería una pérdida?"

Odiaba que ellos vinieran a hablarle sólo para alimentar su propia existencia, como si necesitaran testigos, ojos externos que compensaran ese malestar que tenían dentro de su cuerpo, esos latidos de péndulo. Pero a veces los necesitaba, sólo para saber que ella no era una ilusión de algo intangible: su mente.

Caminando por las calles de un París soleado, pero dormido, sentía cómo cada piedra, y cada molécula de esta ciudad era parte de ella misma. París. París aprobaba su existencia; desde que ella puso sus pies sobre la ciudad, París fue testigo de cómo ella se convertía en ella misma.
París presenció cómo se independizó de sus padres, aplaudió cuando ella se independizó de S., le brindó los museos, jardines, libros, culturas y otros para que se siguiera construyendo, la acogió con los brazos abiertos cuando obtuvo la tarjeta de identidad francesa. Por eso necesitaba estar en París, para sentir que "era" aún cuando no se sentía vivir.
Necesitaba a París aunque ésta fuera una ciudad que utilizaba su consciencia. Una ciudad que ella creaba en su mente, pero que al mismo tiempo la creaba a ella; como un espejo.

Exactamente como un espejo...