27 agosto 2014

La existencia dentro de las agujas del reloj...

No sé si son los eventos o el hecho de estar leyendo una parte del diario de Anaïs Nin lo que inspira estas preguntas existenciales.
Por un lado lo alegre: una de mis mejores amigas se convirtió, el 27 de julio del 2014, en la madre de uno de los bebés más bonitos que mis ojos han visto. Pequeño como una manzanita, Tristán forma parte de mi vida, mucho más que los hijos de mis primos o de la familia ridícula con la que estoy vinculada.

Cuando Nincy me escribió para darme la noticia, me sentí muy alegre a pesar del relato del calvario que Linda tuvo que pasar. Otro pequeño ser llegó para formar parte de esta red que he venido constituyendo desde hace unas décadas.
Al mismo tiempo llegó la pregunta: “¿Estaré lista para tener un hijo? ¿Estaré perdiendo mi tiempo al dejar para mañana la creación de una familia?”

A veces me preocupa mi desinterés actual por lo anterior.
Cuando era chica mi primer sueño fue el de casarme, tener un bebé, jugar con un perro… pero a medida que iba creciendo y los elementos de mi alrededor empezaron a decepcionarme y a provocar “las preguntas” este sueño fue desvaneciéndose a tal punto que ya no lo deseo…  ¿O lo desearé y aún no me he dado cuenta? ¿me arrepentiré en el futuro?

Uno de mis “amigos” de juventud se casó con una chica con la que tengo una historia muy negativa.
Recuerdo el primer día que él y yo hablamos. Estábamos en esta fiesta a la que fui invitada por otro amigo (hacia el cual, en aquel entonces, me sentía atraída).

Hablamos tanto, durante tanto tiempo, que pronto olvidé que tenía que cumplir mi “papel” de acompañante con el chico que idolatraba (el cual, por una extraña razón se encontraba jugando el rol de espectador de los besos de la “chica de la historia negativa” y su novio de verano).

Años después, el reencuentro. Mi soledad y mi decepción amorosa del momento me obligaron a responder al llamado de mi “amigo”, y me empujaron a crear con él una historia erótico-fantástica en la que mi “yo” verdadero no participaba realmente… Le entregaba únicamente mi soledad, mi desesperación por encontrarme sola.

“Llegaré a Francia en unas semanas… tratemos de concretizar esto”

A pesar de que acepté su propuesta, esto nunca sucedió. Preferí utilizar mi tiempo comiendo helados en Saint-Michel y hablando con el chico atractivo de ojos azules en vez de intentar buscarlo.

Compromiso… la verdad, no estaba dispuesta a comprometerme con una vida “normal” y aburrida.
Me sentía respaldada por la “chica de la historia negativa”, quien no dejaba de criticar los defectos del muchacho.

“Con cualquiera, menos con él…” Y sin embargo, como una señal, ella se presentó con anillo en dedo, tratando de presumir su compromiso.
“Me voy a casar (Con cualquiera menos con él…) con él” – risas sarcásticas de mi parte y una respuesta con el mismo tono a su ridícula pregunta (Esas cosas a mí no me importan).

¿Mar de hipocresía o de conformismo? Este evento, este preciso evento confirmaron mi voluntad de no crear una supuesta familia “esquemática” y “perfecta”.
¿Para qué abandonaría mis deseos de viajar a Tailandia, cantar regularmente, dormir, comer muchas cosas, aprender a cocinar platos exóticos sólo para complacer a aquellos que me señalan el reloj?

No deseo conformarme como esta tipa quien lo pensó dos veces antes de decirme el nombre de su futuro esposo. No, no, no, no, no. Me niego rotundamente a vivir esa vida, a pesar de haberla soñado de niña.

A veces, escucho a algunas de mis amigas, preocupadas porque la gente les dice que están perdidas por no estar casadas y con hijos, y me marea tanta exigencia…

A penas estoy al inicio de “Inceste”, pero no logro dejar de identificarme con el conflicto de Anaïs… Rol de mujer, rol de artista… rol de “viviente”.

Y mi decepción familiar… Celebremos porque aún no he cometido el error de mis padres de traer al mundo a un ser que me odiaría más de lo que me han odiado mis enemigos.