21 abril 2014

Sin luz...



¿Qué no haría para obligarte a quedarte aquí, en mi cama, en mi cuerpo, en mi alma? Haría lo que fuera para creer que todavía seguís aquí... Que no te has ido, que no tenés planeado irte, que te quedarás, que me ayudarás a seguir creyendo, a no llorar en las tardes, en las mañanas, en las noches.

Pero te has ido... Me has dejado... sola... oscura por dentro. ¡Llena de oscuridad y sin ningún tipo de esperanza ni creencia!

Tantos golpes indescriptibles, tantas injusticias y dolores que me han hecho entrar en razón y concluir que te fuiste de mí, que ya no regresarás que todo ha terminado entre nosotros.
Y a pesar de que muchos defiendan, a capa y espada, la idea de que te encontrás en todo ser vivo, me niego a creerlo.

Cada día, una candelita más se apaga en este oscuro lugar rodeado de santos.

Y la caída fue fuerte, abrir los ojos ante tanta desilusión y oscuridad... te fuiste, y sólo queda esperar a que nada empeore.


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