29 abril 2014

Marruecos: Bajo la arena... Colores y serpientes

A veces, tengo miedo... A decir verdad, siempre tengo miedo. Siempre que me encuentro con mis ex-compañeros o algunos amigos de infancia les pregunto si recuerdan aquellos momentos hechos de cristales traslúcidos. Ninguno parece recordar aquella transparencia dentro de la cual crecimos... Y claro que tengo miedo. ¡Tengo miedo de olvidar y que todo lo vivido no haya servido para nada!
Hay muchas cosas que duelen dentro de los recuerdos, pero son necesarias... Y no quiero que nada se vaya.

"Te esperaré en la puerta azul" - me dijo. Hablaban de Fez como una ciudad complicada, en donde únicamente los locales tenían un mapa para poder ubicarse. Tengo un muy mal sentido de la orientación... Para mí el Sur es lo mismo que el Oeste y el Norte está arriba o abajo, o por todos lados.
Llegó a la puerta y nos guió a lo largo de la calle principal que se encontraba justo en frente de un árbol muy sabio. "Pulseras, pulseras", "Babouchkas", "¿Necesita un hotel?". Todos hablaban, actuando, tratando de llamar nuestra atención. Moría por conocer las carnicerías de camello, de cabras... Quería perderme, quería tener miedo, quería comer. No podía dejar de vivir. ¡Quería ver la luna roja! Odio la luna, pero esta luna no era la misma... Era un Sol transformándose en Luna...


 


Nos advirtieron sobre los peligros de caminar solas.
"-¡Señoritas! Vengan aquí...- nos dijo una voz.
-El señor quiere decirles algo".
Señaló la botella con agua de Pame. Pame se la extendió.
"-Hace calor por aquí, dijo el hombre... Me alegra mucho encontrar a hermanas como ustedes. Somos hermanos, ¿lo saben?"
En todo nuestro viaje nos lo repitieron mucho. "Somos hermanos"... Musulmanes, cristianos... ¿Y por qué todos nos tenemos tanto asco entonces?
Cuentan que en las tumbas de los Mérinides la gente se junta a compartir, a fumar y a beber alcohol...


"Los curtidores, ¿Quieres ver los curtidores? Acómpañanos y te llevaremos a conocer a los curtidores. ¡Es gratis!" Niños de 10 años que conocen todos los idiomas del mundo, todas las venas que componen el sistema nervioso de Fez. Me prometí que si tenía un hijo no perdería el tiempo inscribiéndolo a una escuela y comprándole un Iphone... ¿Para qué? Sólo bastaba perderse con estos niños y no tener ni la menor idea de cómo hacer para salir de ese lugar.
Pame tiene buen sentido de la orientación, pero no tiene una buena memoria. Yo trato de guiarme con puntos de referencia... ella con el mapa.
"¡Por aquí no pasamos! ¡Nunca antes he visto esta tienda de maquillajes!"
Pame se arriesgó a escucharme y me siguió...
Finalmente, llegamos hasta donde se encontraba una ola de turistas de todos los colores, y fue ahí donde el señor de blanco nos llevó hasta los curtidores... ¿O debería llamarlo "Las acuarelas gigantes"? Pigmentos hechos de tamarindo y caca de paloma. Interesante. Bolsos hechos de color humano...


Tomamos un bus de 12 horas. Al inicio tuve mucho miedo de las nauseas que me atormentan durante este tipo de viajes. A decir verdad, los resultados sobre las elecciones del Partido Socialista de Francia no ayudaron mucho. François Hollande en primer lugar, Martine Aubry en segundo.
Cerré los ojos y cuando desperté me encontré rodeada de vaciedad... Decidí salir del bus y tratar de encontrar, a las 4:00 am, un alma que quisiera compartir conmigo sus experiencias. Me acerqué a dos señores que se encontraban ahí, frente a la oveja que danzaba sobre el fuego.
"-Disculpe, señor, ¿podría decirme qué es lo que está siendo asado?
-Es una oveja.
-¡Ay! Creí que era un camello.
-¿Hacia adónde va?
-Voy a Merzouga. Quiero conocer las montañas de arena y los camellos.
-¡Merzouga! Me encanta Merzouga. Mira estas fotos."
El señor me mostró fotos de él, cubierto completamente de arena. Sólo su cabeza salía de la arena. Avestruz Inversa.
Un accidente automovilístico leve nos interrumpió. Mi curiosidad divirtió mucho a Pame que no podía entender por qué entablaba conversación con unos completos desconocidos.
Al llegar a Merzouga, el sueño me impidió maravillarme con lo desconocido. Pame me habló sobre los camellitos bebés que se encontraban en un establo, al lado del desierto. Addi nos olvidó. O bueno, no nos olvidó, pero no nos entendimos sobre a qué hora tenía que ir a buscarnos.
Addi también nos dijo que era imperativo que si salíamos a jugar con los niños teníamos que ponernos un turbante.















Fatima y Younes eran mis preferidos... Fatima danzaba con los colores del viento y Younes conocía el nombre de todos ellos en todos los idiomas. Los demás niños nos acompañaban a ver lo que cocinaba una señora sobre un fogón oscuro.
Mientras observábamos la magia de esa casita que salía de la tierra, ¡llegaron! Llegaron los camellitos. Jimi Hendrix y el mío que no recuerdo cómo se llamaba...














Addi y su amigo nos llevaron hacia el desierto. ¡Hermoso desierto! De noche, de día, de madrugada. ¡Te amaré por siempre! Todas esas montañas mágicas. Dormir en una tienda bajo las estrellas, escuchando a un gringo roncar.

 

Addi contándonos chistes en español y yo, sentada sobre la arena, viendo cómo todo es tan  grande, cómo la vida es tan pequeña... Y cómo el humano no tiene ninguna justificación para "estar aquí".



Recordando una canción que habla sobre colores en el viento.

Dicen que el humano no está hecho para vivir en el desierto, así que una hora de un doloroso viaje (mental y sobre todo físico. Nótese que tener abiertas las piernas sobre un camello tiene consecuencias indeseables) regresamos... Regresamos para irnos y tomar el bus de 12...13...14...15 horas. Atravesar Ouazarzate, los Atlas, explicarle a una señora en Errachidia que no la conocemos y que por lo tanto no podemos cuidar su cartera... (Pero explicarle sobre todo que no entendemos qué es lo que nos está diciendo).

Mientras dos mujeres vomitaban todo el tajine que se habían comido, Pame luchaba contra una fiebre de 40º y yo pensaba en todos los baños turcos que probablemente tendría que sufrir en Marrakech...
Pero la verdad es que no sufrí nada de eso en Marrakech.
La ciudad nos recibió en la plaza loca de Djeema el Fna... Con sus motocilistas zigzagueando de un lado a otro, sus hombres acosadores y sus guías estafadores.


Las mujeres proponían hacer una obra de arte sobre tu cuerpo, mientras que los encantadores de serpientes evitaban que sus mascotas se tomaran todo el jugo de naranja.
Muchos dirán que el jardín de Yves Saint-Laurent es más hermoso que el señor que nos encontramos en medio de las callecitas del mercado. Su hijo nos propuso un hermoso bolso que le compré a Vanesa como recuerdo, el señor nos contaba cómo un fotógrafo famoso lo había hecho eterno... Nos mostró todas las pruebas. Yo quise llorar... Quería que fuera verdad, que éste fuera eterno, que nunca se muriera y se quedara por siempre en este mundo. 
Es probable que haya muerto, y me duele tanto pensar en ello.

Marruecos, Fez, Merzouga, Marrakech...
Espero que sea un hasta pronto y no un adiós.






26 abril 2014

Caminando entre el 2010 y el 2011...

Saltar... Eso es lo que me gusta. No estoy hecha para quedarme parada esperando, lo odio. Ésa es la razón por la que salí corriendo, sin dirección, sin rumbo. Francia es la cama, pero no es lo único que tengo, no sólo Francia me ha formado estos 7 últimos años.

Alemania, Turquía, Luxemburgo, fueron los puntos de partida de mi liberación, de mi carrera, de mi escape.
Visitar lugares y saber que estarás temporalmente te hace estar consciente de que no crearás ningún vínculo más que aquel del aprendizaje. Das algo pequeño, te llevás algo pequeño, lo ponés en tu mosaico y seguís con tu camino...

En mi vida no habido tanta magia como me gustaría que hubiera. Mi mamá siempre hablaba de una ciudad de agua cuando estaba muy pequeña. Contaba que las cosas eran mágicas ahí, que la gente andaba en barcas...
Lo que mi mamá nunca pudo decirme es que podías sentarte en las gradas de un puentecito, acompañado de un pedazo de pizza de 2€, tratar de entenderle a la gente usando el español, tomar cervezas mientras caminás...

 


A mi regreso de Venecia, me di cuenta de que París es un lugar gris. Me gusta el gris de París, pero hay un punto en el que llega a ahogarte. Pame y yo lloramos con la falta de pigmentos terracota y nos aburrimos de tanto Hausmann... Gaudí era una mejor opción, Gaudí era lo que necesitábamos en ese momento. Gaudí haciendo que salieran de la tierra jardines coloridos, y casas acuáticas.
Con Pame aprendimos también que no en cualquier lugar se encuentran buenas tapas. Por favor, evitar El Choquito, restaurante atrapa-turistas de muy mala calidad. Nunca he ido a lugar más malo que éste...




¡Al llegar, Paola nos recibió con una cara! No parecía contenta y tiró sobre la mesa los mapas y las llaves de nuestra habitación. "Chicas, aquí está su cuarto". Estaba lleno de colores : naranja, rosado, rojo. Un pequeño ventilador y una pequeña ventana.
La ciudad era una montaña, y todos escuchaban noticias sobre cómo Barroso y la Unión Europea tenían en ese estado al país.
Una viejita le dio espacio a una mujer embarazada en el tranvía antiguo... "Obrigado" respondían. Todos se sentían obligados, como en deuda con los demás, por sus actos amables.
Paola se alegró con nosotras después, y nos pidió ayuda para el desayuno del día siguiente. Pegamos guirnaldas por todo el comedor, y sentimos los olores del banquete del día siguiente.
Habían pasteles de chocolate, pasteis de nata, frutas de todos los colores...
En Lisboa y en París las horas son diferentes... En París son las 8 en Lisboa las 7.

 

 



21 abril 2014

Sin luz...



¿Qué no haría para obligarte a quedarte aquí, en mi cama, en mi cuerpo, en mi alma? Haría lo que fuera para creer que todavía seguís aquí... Que no te has ido, que no tenés planeado irte, que te quedarás, que me ayudarás a seguir creyendo, a no llorar en las tardes, en las mañanas, en las noches.

Pero te has ido... Me has dejado... sola... oscura por dentro. ¡Llena de oscuridad y sin ningún tipo de esperanza ni creencia!

Tantos golpes indescriptibles, tantas injusticias y dolores que me han hecho entrar en razón y concluir que te fuiste de mí, que ya no regresarás que todo ha terminado entre nosotros.
Y a pesar de que muchos defiendan, a capa y espada, la idea de que te encontrás en todo ser vivo, me niego a creerlo.

Cada día, una candelita más se apaga en este oscuro lugar rodeado de santos.

Y la caída fue fuerte, abrir los ojos ante tanta desilusión y oscuridad... te fuiste, y sólo queda esperar a que nada empeore.


20 abril 2014

Give me a reason to be a woman...



"Give me a reason to love you, give me a reason to be a woman..."

Esta semana me hizo llegar a una conclusión: es difícil - sino imposible - ser mujer en esta sociedad. Me gustaría decir que nuestra época ha evolucionado y le ha permitido a la mujer ser quien ella quiere, pero seamos francos, esto sería mentir. 

Pasé una semana oscura, tratando de descifrar la justicia y equidad en la que supuestamente vivimos, pero los elementos que se me presentaron sólo me llevaron al inicio de mi reflexión.

Me siento tan decepcionada de todo... Tanto que a pesar de que tengo tantas cosas que decir, sólo puedo conformarme con sentirlas. Rabia... Tristeza... decepción... Todo debe quedar ahí.

Mientras tanto, el vivo hijo de puta, está en su cuartito de rejas llorando porque le parece injusto el castigo que se le dio. ¡A pesar de que aceptó su responsabilidad! A mí me parece injusto el castigo que se le aplicó... Pero no lo veo desde el mismo punto de vista que él, considero que fue un castigo demasiado leve. 

¡Le quitó la libertad a una mujer! No sólo a una mujer... Sino a todas las mujeres presentes o ausentes. ¡Él merece nunca sentirse libre! NUNCA.

Los papás deberían sentarse con sus hijos y platicar sobre cómo una mujer los puede golpear hasta la muerte, o sobre cómo es peligroso salir a la calle porque pueden golpearlos porque no respondieron con una sonrisa, o cómo tienen que cuidarse de las enfermedades venereas que sus infieles esposas pueden transmitirles.
O bien en la universidad, los profesores hombres deberían platicar con sus aplicados alumnos y decirles que a pesar de todo su esfuerzo van a ser siempre pagados con un salario mediocre.

¿Adónde está la igualdad de sexos?

¿Adónde está nuestra libertad?



07 abril 2014

París, París, París...

París y yo tenemos una larga historia, algo así como una relación, como eso que nos construye y construimos al mismo tiempo. Hemos tenido altos y bajos, bajos y altos, y aquí estamos: unidas y separadas.

Hace 17 años... Hace exactamente 17 años nuestros caminos se cruzaron. Todo comenzó con una atracción. Decidí mirar únicamente el lado bello y conocido, sus lados brillantes y fantásticos. Yo, una niña de 10 años, fascinada por las luces que brillaban bajo los puentes y las edificios grises por los cuales las gotas de lluvia resbalaban cada día. Este era mi París, mi hermoso París...


La separación fue muy dura. Durante 12 años llore este hoyo de agua que me impedía cruzar.

El día que regresé, todo había cambiado... Me sentía lejos de todo esto que había dejado atrás. Los colores eran mas cálidos, pero yo me sentía mas fría por dentro. Sentada en una banca de Raspail, los miraba a todos desfilar. Tiraba mi telefono, molesta por cosas predecibles y sin sentido. Devorando una quiche Lorraine, llorando y escribiéndole a Nincy en una libretita que compre en la Tabac que se encuentra al lado del Dôme.

¿Quien lo habría imaginado? Anaïs Nin habia estado ahi, al igual que Nincy... Mi pequeña y adorada Nincy. Nincy decepcionada de mí. Mi Nincy que me odiaba...

París la solitaria...

Al mudarme definitivamente a París, sabía que viviría de esta manera... Tuve la esperanza de que no fuera así, el dia en que escribí mi número de teléfono sobre la servilleta sucia de la heladería de Cluny. Pero la verdad, mi mente ya había vivido una y otra vez esas caminatas solitarias bajo este cielo gris... Y aunque a veces los ojos se ahogaban en un mar de lágrimas, la canción seguía sonando dentro, muy dentro, mientras todos caminaban de un lado a otro... como colonias de hormigas, olvidando (o ignorando?) mi existencia.



Esto es París...

Un día, todo esto casi se termina. Días oscuros de incertidumbre. "Tomá tus maletas" -me dijeron... Ya estaba todo listo, cuando el teléfono sonó: "No te vayas - me dijo - todavía no".

Pero yo ya no la amaba como antes. Se había vuelto oscura y cruel. Se había perfumado con mis lágrimas y ya no podía dejar de oler la sangre que fluía después de una noche de apuñaladas continuas.

París y los veranos y primaveras....

Danhong (o Sophie, como le gustaba que la llamaran), me llevó a Porte d'Ivry por primera vez, después de que le insisti en que moría por conocer el barrio chino de Paris. Me lo imaginé mas excéntrico y diferente, pero jamás imaginé que iba a amar tanto comer sandwiches vietnamitas bajo el sol, o pasar horas buscando los productos más exóticos y desconocidos para mi.


Pame me llevó a tomar té con leche al "New Pondichery", un café hindú situado en el barrio de La Chapelle.
Thiyagu ya me había hablado de este lugar el día en que devoré todos sus dulces de Cardamomo. Thiyagu me invitó al cine a ver una pelicula de Sacha Baron Cohen y me dió dinero aquella noche en la que fui a mendigarle porque me moría de sed... Pero Thiyagu no leyó bien las estrellas. Creyó que podía borrar su soledad buscando en mí una acompañante para el té de la tarde...




París, ciudad cruel...

París con Pame, todas las tardes, todas las noches. Tomando cerveza, aprendiendo a andar en bicicleta (en vano). Navidades y cumpleaños en París... Piñatas cuyo molde es un globo. Piñatas y pingüinos. Bois de Vincennes... Las espantosas gargolas de las torres de Nôtre-Dame...

París, simplemente París... Paris, aqui me quedo, París. Para siempre... En esta libreta de color rojo esta escrito... ME QUEDO.