30 diciembre 2014

Compartiendo con los monos en su ciudad: Lopburi


Cuando era pequeña y mi papá me llevaba al zoológico de Chapultepec, cada vez que nos deteniamos en las jaulas de los animales, yo le preguntaba: "Papi, ¿creés que los animales son felices ahí? ¿Creés que los osos polares tienen mucho calor?...". Cada vez que mi papá me explicaba lo cruel que era tener a esos animalitos encerrados de esa manera, sentía una especie de ahogo y culpabilidad.

Tenía la esperanza de que en Lopburi, estos sentimientos no aparecieran, y no me equivoqué. 

25 diciembre 2014

Koh Yao Noi... Haciendo las paces con el mar


Cuando era pequeña, amaba el mar. Me parecía algo misterioso, cuyo flujo de vida no sabía de dónde provenía. 
Cada vez que mi papá me decía que iríamos a Tela, añoraba con ansias el momento en que estaría frente a eso tan majestuoso. 

Después de 3 años de ir a Tela, 2 veces por año, y algunos traumas (entre ellos la enfermedad alimenticia que tuve), mi amor por Tela y por el mar empezó a desaparecer. 

A medida que pasaban los años, mi desamor creció y con él las pesadillas de olas gigantes y asesinas empezaron a surgir. Por mucho tiempo me negué a ir a la playa, y decidí dejar de nadar o de tener contacto con reservas de agua (piscinas, mares, ríos...).


18 diciembre 2014

Siem Reap


Es mi último día en Siem Reap (Camboya), la ciudad con la que decidí tener un primer contacto con Asia.

Es cómico el sentimiento que tengo desde que aterricé en este país. Poniendo a parte el hecho de que estamos en Asia y de que es una cultura relativamente diferente a la nuestra, siento cierta nostalgia por Tegucigalpa y por Honduras en general.

15 diciembre 2014

Tortazo cultural

Siempre que viajo intento informarme sobre las costumbres de cada país por el que transito o en el que me quedo. Voy siempre con la mente abierta, imaginando que el "otro" es alguien como yo, con sus diferencias y todo, pero como yo.

En este viaje cometí muchos errores, sobre todo porque decidí no informarme sobre los países por los que iba a transitar. La historia de estos errores es un poco peculiar y cómica.
Decidí vestirme lo suficientemente neutra y "decente", pero decidí no pensé en que una camisa un poco transparente y escotada podría estorbarme.
Al llegar a Egipto, este pequeño detalle se reveló como un muy grave error... Primero, un guardia muy extraño nos detuvo porque según él yo transportaba elementos "no autorizados" en mi mochila.
"-Watery-me repetía-watery"
Por más que insistí en que no entendía ninguna palabra que me decía, el guardia seguía insistiendo, hasta el momento en el que me dijo: "Watery for camera".
Abrí mi mochila y le mostré un paquete de baterías alcalinas que tenía en la bolsa pequeña de mi mochila.
"-This is not allowed"
Fue ahí donde mis aprendizajes sobre las actitudes corruptas de los policías de Honduras salieron a mi rescate...
"-Lo siento-le dije en inglés-pero revisé en la página de la compañía aérea y en ningún lado encontré que esto fuera prohibido"
Al decir esto, el señor me puso las baterías dentro de la mochila de nuevo y me repitió que éstas no eran permitidas, mientras miraba mi escote... (Y gracias a Dios no estoy muy dotada como muchas otras mujeres...).

Al subir las gradas, todo empezó a aclararse. El aeropuerto estaba repleto de hombres y las mujeres que estábamos ahí o éramos extranjeras, o estaban vestidas con burqas.

Sí, mea culpa. Tuve que haberme informado más para no vestirme así y evitar de esta manera las miradas indeseables de muchos hombres. Pero no puedo negar que esta experiencia egipcia fue todo un tortazo cultural. Aún no supero las personas que vigilaban la entrada de la puerta de cada baño.

Pero mi consuelo es que mi experiencia en los aeropuertos de Tailandia fue tal y como lo imaginé: excelente. El país me recibió con sol, helados de Mcdonald's con sabores exóticos, así como con bebidas de té verde con licha. Simplemente fantástico.

Actualmente me encuentro en Camboya, en la ciudad de Siem Reap, en la que la gente es tan bella de todas las maneras posibles que me cuesta describirlo.


12 diciembre 2014

Dreaming of Thailand








Mi historia con Tailandia empezó en el 2006, con un sueño aparentemente sin sentido que terminó siendo una premonición extraña de algo que se haría realidad unos días después. Años más tarde, entendí algunas cosas del porqué este viaje me había sido propuesto de la nada (En agosto del 2012, C. me ayudó a entender las relaciones entre este fenómeno y la bondad del colega que me recomendó para el trabajo).

30 noviembre 2014

Quiero ver

"Ensená. Quiero verte. Te prometo que no se sentirá nada. Son sólo ojos, no compromisos ni juicios. Sólo quiero ver."

Promesas le hacía él a ese corazón cansado de llorar y desear.
No podía verse ni ella misma. Sus curvas no eran marcadas ni llamativas, y su personalidad no presentaba un espectáculo, pero en ese momento, mientras ella secaba las lágrimas de sus mejillas, él pedía ver.
Decidió tomar sus prejuicios y sus miedos y dejarse llevar. Así como cuando probó tantas otras cosas que la atemorizaban.Y lo hizo. Soltó su cabello  y dejó caer todo a su alrededor.
Su corazón latía fuerte y empezaba a ver cómo su inocencia iba tomando nuevos colores... colores incontrolables y oscuros.
Y olvidó. Olvidó que él había dejado de hablarle o que nunca la había querido tanto como ella a él.

Empezó a verse a través de los ojos de ese desconocido que no quería juzgarla, sólo ver. Sonrió cuando dejó de temerle al vacío y a la inexistencia... Cuando la Iglesia ya no tenía ningún derecho sobre su cuerpo. Dejó de darle explicaciónes a sus padres del porqué su puerta permanecía cerrada...

Empezó a ser más honesta sobre sus sentimientos, sobre cómo a veces fantaseaba de sentir sus manos tan profundamente dentro de ella que cada partícula de su ser no fuera más que aire.
Dejó que él viera, pero también dejó que todos lo vieran... Porque al final, de eso se trata. De no tener miedo a que todos te vean... ¿Me equivoco? Porque si no te miran, te centrás en crear en tu mente un personaje que no sos vos.





24 noviembre 2014

Yo no soy esta persona...



Yo no soy esta persona. No soy estas uñas, ni estas manos y mucho menos estas piernas. A veces, me transformo, me creo y soy colores, pero a veces simplemente soy recuerdos. Pero hoy, soy esto... Y no tengo palabras para expresar exactamente esta situación, o estado o vida.

No soy Venus, no soy Atenas, y quisiera poder prefeccionar lo que no es perfecto, pero no tengo las herramientas ni los deseos.

Hundámonos en la mediocridad.

07 noviembre 2014

Fragmento de sueño n°1

Sueño : Vanesa me llamaba para avisarme que X. había cometido un crimen contra ella. Estaba desesperada y no sabía qué hacer para resolver su problema.
Preocupada y determinada en ayudarle, organicé una estrategia para entrar en la casa de X y encontrar todos los elementos que lo incriminaran.
Vivía en una mansión, muy parecida a un castillo. Por lo general, X estaba ausente, pero el día en el que había decidido presentarme, X descansaba en el balcón de su mansión.
Entré por la cocina, esperando a que la señora que administraba la casa no me atrapara, pero desgraciadamente, todas las opciones que parecían llevarme hasta la prueba estaban bloqueadas. Decidí esperar y organizarme mejor.

Otra oportunidad se presentó durante un día de fiesta. X y otras personas de mi entorno real habían sido invitadas. X mostró interés en platicar conmigo, así que simulé tomar muchos tragos y estar completamente borracha (amenazando a mi imagen... arriesgándome y conociendo las consecuencias de este acto). X actuó preocupado y le pidió a uno de mis conocidos que me llevara a su casa.

Temía que X cometiera contra mí el mismo crimen que había cometido en contra de Vanesa, pero aún así me arriesgué y decidí dejarme llevar. Esto me daría la oportunidad de entrar en la casa de X y robarme aquello que lo incriminaba, debido a que ese día él no se quedaría en su mansión.

****

Me siento angustiada, y la verdad la ansiedad consume todas mis esperanzas y deseos. ¿Será esto uno de mis miedos o el deseo ahogado de una de mis fantasías? ¿Tendré miedo de descubrir algo?
Me cuesta explicar el mundo líquido en el que vivo acutalmente... Quisiera tocar tierra firme y respirar. Tengo miedo de convertirme en esas personas que prefieren creer en mentiras, tengo miedo de que me encierren en un manicomnio al lado de mi tía.

Y sin embargo, sigo esperando y soñando que eso efímero se interesa en mí y en mi bienestar. Que ese deseo no es unilateral...

En realidad, nunca lo descrubriré. Eso es lo que tiene que entrar en mi cabeza de una vez por todas. Nadie va a desearme. Nadie va a hacerme sentir bien y elevarme hasta el trono en el que deseo estar.


09 octubre 2014

Montparnasse




Montparnasse no es esa torre que se impone en medio de todos esos pequeños edificios hausmanniens ni tampoco las carreras o los insultos que viví. Podría considerar a Montparnasse como ese pequeño pedazo de París en el que viví durante casi un año, en el que me encerré durante los días de desempleo, leyendo libros existencialistas bajo la cobija.

Durante el tiempo en el que viví en este barrio de París, nunca tuve la ocasión de irle a dar una visita a algunos de mis autores preferidos. Desgraciadamente.
Ahora que vivo a muchos kilómetros, metros y tiempo de este lugar, hice el esfuerzo de tirar mi pereza a la basura e ir a visitar a aquéllos que existen en mí.

03 octubre 2014

Hélène

"Il est parti. Ça lui est bien égal que je reste ici à moisir; ça lui est bien égal que je sois fâchée contre lui, il n'y pense déjà plus." Elle s'assit sur une marche de l'escalier. Paul l'aimait, c'est sûr, il l'aimait depuis trois ans avec fidélité, avec dévouement, avec chaleur; mais elle ne se sentait pas tellement précieuse à ses yeux; elle n'était précieuse pour personne. Qui se souciait d'elle cet instant? Elle était là, baignée de l'odeur de miel et de cacao qui montait de la boutique; elle aurait pu être aussi bien n'importe où ailleurs, ç'aurait été juste pareil. Dans son enfance, elle n'était jamais ni là ni ailleurs : elle était dans les bras de Dieu ; il l'aimait d'un amour éternel et elle se sentait éternelle comme lui ; blottie dans la pénombre, elle lui offrait chacun des battements de son coeur et le moindre de ses soupirs prenait une importance infinie puisque Dieu même les recueillait. Paul était moins attentif ; et même s'il l'eût été davantage, Paul n'était pas Dieu. Hélène se releva. "Je n'ai besoin de personne. J'existe, moi, Hélène ; est-ce que ce n'est pas suffisant?" 
Hélène... "Le Sang des autres", Simone de Beauvoir 
Un libro de Simone de Beauvoir en el metro, donde todos se encuentran encerrados en ellos mismos, donde nadie parece voltearse para ver a su alrededor. Todos se concentran en las pantallas de sus teléfonos, en sus mundos propios, en donde muy probablemente sólo existen las ilusiones de su mundo imaginario, sin humanos, sin nada.

Y el libro de Simone de Beauvoir relata exactamente esta escena, adaptada a los años 40.
Ella sólo deseaba tener respuestas : "¿Soy bonita? ¿La gente me mira? ¿Existo?". A veces se sorprendía mientras tocaba su cara y ésta le era completamente extraña, como que fuera creada por la mente de algo que no era ella. No sentía el calor. "¿Vos considerás que soy bonita? ¿Considerás que si ya no soy ni creo con mis ojos, esto sería una pérdida?"

Odiaba que ellos vinieran a hablarle sólo para alimentar su propia existencia, como si necesitaran testigos, ojos externos que compensaran ese malestar que tenían dentro de su cuerpo, esos latidos de péndulo. Pero a veces los necesitaba, sólo para saber que ella no era una ilusión de algo intangible: su mente.

Caminando por las calles de un París soleado, pero dormido, sentía cómo cada piedra, y cada molécula de esta ciudad era parte de ella misma. París. París aprobaba su existencia; desde que ella puso sus pies sobre la ciudad, París fue testigo de cómo ella se convertía en ella misma.
París presenció cómo se independizó de sus padres, aplaudió cuando ella se independizó de S., le brindó los museos, jardines, libros, culturas y otros para que se siguiera construyendo, la acogió con los brazos abiertos cuando obtuvo la tarjeta de identidad francesa. Por eso necesitaba estar en París, para sentir que "era" aún cuando no se sentía vivir.
Necesitaba a París aunque ésta fuera una ciudad que utilizaba su consciencia. Una ciudad que ella creaba en su mente, pero que al mismo tiempo la creaba a ella; como un espejo.

Exactamente como un espejo...

19 septiembre 2014

Geometría de la nada

Llegás a un punto en tu vida... Exactamente, ese mismo punto, el que señalás, el que dirige tu mirada, el que te indica que es tu centro y que desgraciadamente sólo darás vueltas alrededor de un mismo círculo, que tu dirección es un círculo, no un disco, simplemente un círculo, una línea que se toca de principio a fin, sin ningún tipo de relleno, sin nada...

Tengo dirección, en eso estamos de acuerdo, aunque sea circular, y no hacia el Norte, el Sur, el Este o el Oeste. ¡Pero estoy cansada! ¡Maldición, estoy cansada de tanto luchar! Me gustaría que estallara... Que todo adentro estallara y pudiera dormir todo el día.

No me considero una víctima de alguien, de algo o del sistema... No creo en las víctimas, ni en los victimarios, ni en los salvadores, ni en el sistema, ni en algo y mucho menos en alguien... Sólo creo en dormir y no esperar nada.

Hoy, no quiero trabajar, no quiero amar, no quiero despertar, no quiero caminar, no quiero ir al supermercado, no quiero hablar. Si escribo aquí es porque me siento desinflar, porque si no lo hago, dejaré de respirar. Porque he llegado al punto en el que veo a mi alrededor y veo el trayecto que realicé. Porque estoy en el centro y todo está a un radio... está lejos... intocable.

¿Y qué importa?

¿Y QUÉ IMPORTA?

Simplemente dejaré de luchar

01 septiembre 2014

You did not break me, I'm still fighting for peace...



Una enésima decepción se agrega a esta gran lista…

Quisiera estar segura que con esta herida el dolor va a detenerse, como ese tipo de vómito que la gente te alienta a vivir, con la esperanza de que vas a sacar lo malo y sentirte mejor luego. Pero este tipo de enfermedad se queda para siempre –como un cáncer - y no hay mejor manera de enfrentar las cosas que siendo realista (o pesimista, como quieran llamarlo).

Estoy consciente de que pasé tres cuartos de mi vida buscando tu aprobación, con  mi complejo de Electra o lo que sea. Tenía esta extraña idea de que todo lo que dijeras era LA verdad, que todo lo que hicieras era digno de ser seguido y de que si vos estabas contento conmigo, tenía que sentirme llena… Sí, lo hice. Lo hice a pesar de que me abandonaste por irte con la secretaria. Siempre seguí admirándote y creyendo en vos a tal punto que buscaba una extensión tuya en todas mis parejas (buscando en ellas tu aprobación, muy seguramente).

Pero llego el día en que dejé de creer en vos, en el que te caíste de tu pedestal… ¿Lo recordás? ¿Cuándo estábamos en tu auto y te dije quién era y qué es lo que quería para mi vida?
Me gustaría haber podido voltear mi cabeza y no ver la decepción que se dibujó en tu cara cuando te confirmé que no estaba dispuesta a seguir el patrón de tu mamá, de tus hermanas, de tus sobrinas y hasta de tus otras hijas.
¿Pero no fuiste vos quien me enseñó que tenía que seguir MI patrón y no el de los demás? ¿Qué significaron todos esos libros de Hesse en mis manos entonces? ¿una forma hipócrita de sentirte moderno?

Me destruiste el ídolo… Me destruiste el único ideal de seguridad que pude haber tenido.

Sin embargo, seguí estando ahí, con mis reservas, teniendo cuidado de vos… Con mis nuevos ideales, con mi nueva manera de caminar, de respirar, de correr. Con mis pensamientos neuróticos o como te plazca más llamarlos.

Seguí adelante, logrando mis sueños, teniéndote a mi lado, apreciándote porque dicen que los lazos de sangre son muy importantes.

¡Glorioso el día en el que pude demostrarte que no sólo te buscaba por dinero! Porque muy claro lo dejaste, con mis hermanas y amigos, que tu enojo mayor fue que tu existencia se limitara en mi mente a unas cuantas monedas.
Me sentí contenta, llena, porque te probé de esta manera que el dinero no era algo que determinaba el estar a tu lado.
¿Te sentías contento al saberte equivocado?

Segundo intento: el aprecio sin necesidad de aprobación o ideas de dinero… Únicamente aprecio por ser padre e hija, hija y padre.
Segundo fracaso…

Porque si bien has demostrado que todo lo que hay alrededor de vos es mucho más importante que pasar unos minutos conmigo, es indispensable que alguien te lo proyecte, como un eco: en esto también fracasaste, y yo también… Obvio que yo también fracasé.
Fracasé porque no quiero seguir luchando para alimentar una relación unidireccional. Y vos sabés que a pesar de todos los golpes de la vida (y sobre todo los que fueron provocados por vos), lo intenté…
Y sí, voy a seguir luchando, voy a seguir caminando, voy a seguir levantándome… Sin vos… Hasta que te borrés… para siempre.
Voy a seguir luchando para caminar… Sin vos, sin ella, sin nadie. Porque no, no me destruiste… Ni ayer, ni hoy ni mañana.
Aunque haya cambiado mi plano de vida, aunque ya no quiera hijos, aunque ya no quiera casarme… NO, NO ME DESTRUISTE.

27 agosto 2014

La existencia dentro de las agujas del reloj...

No sé si son los eventos o el hecho de estar leyendo una parte del diario de Anaïs Nin lo que inspira estas preguntas existenciales.
Por un lado lo alegre: una de mis mejores amigas se convirtió, el 27 de julio del 2014, en la madre de uno de los bebés más bonitos que mis ojos han visto. Pequeño como una manzanita, Tristán forma parte de mi vida, mucho más que los hijos de mis primos o de la familia ridícula con la que estoy vinculada.

Cuando Nincy me escribió para darme la noticia, me sentí muy alegre a pesar del relato del calvario que Linda tuvo que pasar. Otro pequeño ser llegó para formar parte de esta red que he venido constituyendo desde hace unas décadas.
Al mismo tiempo llegó la pregunta: “¿Estaré lista para tener un hijo? ¿Estaré perdiendo mi tiempo al dejar para mañana la creación de una familia?”

A veces me preocupa mi desinterés actual por lo anterior.
Cuando era chica mi primer sueño fue el de casarme, tener un bebé, jugar con un perro… pero a medida que iba creciendo y los elementos de mi alrededor empezaron a decepcionarme y a provocar “las preguntas” este sueño fue desvaneciéndose a tal punto que ya no lo deseo…  ¿O lo desearé y aún no me he dado cuenta? ¿me arrepentiré en el futuro?

Uno de mis “amigos” de juventud se casó con una chica con la que tengo una historia muy negativa.
Recuerdo el primer día que él y yo hablamos. Estábamos en esta fiesta a la que fui invitada por otro amigo (hacia el cual, en aquel entonces, me sentía atraída).

Hablamos tanto, durante tanto tiempo, que pronto olvidé que tenía que cumplir mi “papel” de acompañante con el chico que idolatraba (el cual, por una extraña razón se encontraba jugando el rol de espectador de los besos de la “chica de la historia negativa” y su novio de verano).

Años después, el reencuentro. Mi soledad y mi decepción amorosa del momento me obligaron a responder al llamado de mi “amigo”, y me empujaron a crear con él una historia erótico-fantástica en la que mi “yo” verdadero no participaba realmente… Le entregaba únicamente mi soledad, mi desesperación por encontrarme sola.

“Llegaré a Francia en unas semanas… tratemos de concretizar esto”

A pesar de que acepté su propuesta, esto nunca sucedió. Preferí utilizar mi tiempo comiendo helados en Saint-Michel y hablando con el chico atractivo de ojos azules en vez de intentar buscarlo.

Compromiso… la verdad, no estaba dispuesta a comprometerme con una vida “normal” y aburrida.
Me sentía respaldada por la “chica de la historia negativa”, quien no dejaba de criticar los defectos del muchacho.

“Con cualquiera, menos con él…” Y sin embargo, como una señal, ella se presentó con anillo en dedo, tratando de presumir su compromiso.
“Me voy a casar (Con cualquiera menos con él…) con él” – risas sarcásticas de mi parte y una respuesta con el mismo tono a su ridícula pregunta (Esas cosas a mí no me importan).

¿Mar de hipocresía o de conformismo? Este evento, este preciso evento confirmaron mi voluntad de no crear una supuesta familia “esquemática” y “perfecta”.
¿Para qué abandonaría mis deseos de viajar a Tailandia, cantar regularmente, dormir, comer muchas cosas, aprender a cocinar platos exóticos sólo para complacer a aquellos que me señalan el reloj?

No deseo conformarme como esta tipa quien lo pensó dos veces antes de decirme el nombre de su futuro esposo. No, no, no, no, no. Me niego rotundamente a vivir esa vida, a pesar de haberla soñado de niña.

A veces, escucho a algunas de mis amigas, preocupadas porque la gente les dice que están perdidas por no estar casadas y con hijos, y me marea tanta exigencia…

A penas estoy al inicio de “Inceste”, pero no logro dejar de identificarme con el conflicto de Anaïs… Rol de mujer, rol de artista… rol de “viviente”.

Y mi decepción familiar… Celebremos porque aún no he cometido el error de mis padres de traer al mundo a un ser que me odiaría más de lo que me han odiado mis enemigos.

11 julio 2014

Olvidar

Encendió la radio de su auto, en medio de una calle solitaria, mientras esperaba a S. y trataba de enfocarse en la impuntualidad de ella para no pensar tanto en esa fuga que sentía dentro de su pecho. "Serais-tu là?" se escuchaba en el ambiente y ella secaba sus lágrimas con las mangas de su suéter.

Recordaba ese momento en el auto, ese preciso instante en el que se encontraba sola, y empezo a hacer cadenas de todos los eventos que se dieron en aquel entonces.

Joven de 19 años, llorando dentro de su auto, explicándose a ella misma que no podía ceder a tanto gas y que tenía que luchar para abandonar ese maldito pasado, ese maldito hoyo en el que se encontraba. Escuchó tres veces "Song to say Goodbye" y tomó las llaves de su auto. Le pegó tres patadas a la puerta de su cuarto y trató de no dejar que las lágrimas siguieran fluyendo...

Etapa número 1: Tragarse el Mar Negro y salir del auto

En la oscuridad de la calle, estacionar el auto frente a la casa desconocida y esperar. Ladridos. Una sombra conocida que se acerca mientras se siente que el cuerpo cede a la impotencia del momento.

Etapa número 2: Ver imagenes desfilar mientras se intenta concentrar en el color rosado de cada una de ellas

Mientras cada imagen desfila, responder con una sonrisa "Sí!", "Me parece perfecta" sin realmente poner atención a lo que se está haciendo. Ver un par de anteojos iluminarse. Sentirse culpable... Pedir perdón por tanta haraganería y explicar que quizás en otro momento las cosas mejoren... A pesar de que sabés que nada va a mejorar y que las clases de teatro son lo único con lo que podrás contar.

Etapa número 3:  Enfrentar

Saludar a lo lejos, mientras tus labios sangran, y responder "Muchas gracias" sabiendo que eso no solucionará nada. Maquillar un poco por aquí, poner un poco de polvo por acá. Reír un rato, sonreír, disfrazar con una bata de baño rosada. Comer un pedazo de pizza, ver cómo desfila el nombre de la canción en la pantallita del auto mientras te preguntan si conocés la canción. Volver a decir gracias, y olvidar...

Etapa número 4: Olvidar

La más importante de las etapas... Olvidar... Olvidar que alguna vez lloraste en tu auto mientras escuchabas "Serais-tu là?" y "Song to day Goodbye".  Tratar de masejar tu mente ignorando las prácticas en las clases de teatro, o las felicitaciones del lindo muchacho con barba que se acercó a vos el día en que estaban agarradas de la mano... Sí, ese día en que fuiste con la camisa color café y piedritas y te sentaste frente a ella, el día del examen... No, normalmente no lo recordás, porque la idea es olvidar. Pero sí, ese día en que tu etiqueta salía y ella tocó tu espalda con la excusa de querer volver a meterla.

Pero duele... Duele, duele, duele. Duele mucho que las cosas se queden así, sin ningún tipo de solución.

02 julio 2014

Fragmentos

No son las personas… Son los momentos. Son las cervezas abiertas, los vasos de vodka sobre una silla de plástico, las flores rosadas, los chocolates de todos los colores, una mano sobre el hombro, las miradas mágicas en un restaurante de comida rápida, los cigarros y cervezas consumidos en el pasillo estrecho del exterior de mi casa de infancia, la indiferencia, la inexistencia del ser en ese momento…

Son las pequeñas hebras que constituyen nuestro peinado, nuestra personalidad… Cómo las vamos a cortar? Cuántas de ellas se caen? Cuántas quedan?

Nadie recuerda esas cosas… Todos tratan de olvidarlas. Y todo se presenta como un conjunto sin sentido ni gracia. Todo…

Mi sostén se había desabrochado en su casa. Me pregunto si se habrá dado cuenta… Me aburrí mucho hablando con él. Fue como si todo el mito que había creado a su alrededor no tuviera ningún tipo de raíz. Pero aún así bebí a su honor… Brindé por nuestras pláticas y por nuestras fantasías sexuales los días en que más sola me sentía.

Su sonrisa era suave… Como el calor tropical de mi casa en ese momento. Bebíamos cerveza, pero yo no estaba en ese momento… Era una simple actriz de relleno, la acompañante.

El abrazo… “Gaby!!!” Una sonrisa sin sentido. Alegría por un reencuentro no programado… Resentimiento y rememoración de los días oscuros dentro de la cola del piano. Invitación no satisfecha.
Intento de plática mientras los pasantes circulaban. Abrazo nostálgico. Olvido…

Llegó el momento de irme al gimnasio…

30 junio 2014

I wanna live like tomorrow doesn't exist...



No sé si todo se deba a que éste es el mes de mi cumpleaños o a que las estrellas finalmente se alinearon y al fin todo parezca mucho más fácil... para dejarse ir, para no pensar, para estar saltando al vacío haciendo cosas cuyo resultado no conocemos y que muchas veces nos asustan.

No puedo describirme como una persona relajada, que vive el día a día. No... Porque la verdad es que soy de esas personas que cargan su pasado soñando e imaginando un futuro en específico. Soy de esas personas que usan su pasado para recordarse que no deben cometerse los mismos errores en el futuro imaginado.

Pero heme aquí hoy, con mi cuarto vasito de plástico lleno de una mezcla maravillosa compuesta de jugo de naranja, tequila y sirope. Mírenme ahora escribiendo el correo electrónico de Easy Sacha  y de Karl Marc para progamar una cita, para hacer realidad sobre mi cuerpo esa creación que me hizo perder aproximadamente 70 € por mi indecisión.

Este extraño Carpe Diem en el que estoy viviendo estos últimos días me tiene viviendo esas emociones intensas, compuestas de cosas efímeras con consecuencias para toda la vida. Amo las emociones extremas, en ellas he aprendido tantas cosas... Pero al mismo tengo miedo, y a veces hasta me siento avergonzada.

Pero bueno, sigamos en este viaje... Escribámosle a Easy Sacha, entreguémonos a la taquicardia.

23 junio 2014

Diecinueve



Hace 9 años tenía 19 años y era fácil sentarse en una banca y esperar… Esperar la próxima clase, esperar a que algún compañero llegara, esperar a que terminara el año y acercarnos al final de nuestra carrera universitaria, esperar a que todos nuestros proyectos de vida se realizaran…
Siempre estaba sentada frente al aula, esperando a que alguien llegara, con Francia en la cabeza, con mis libros, mis sandalias de tacón deshechas, mis suéteres blancos, ignorando y olvidando lo que me rodeaba en ese momento.

A los 19 años, Nancy se murió y parecía que lo esencial de nuestra vida ya había sucedido. En mi mente la persona en la que me había convertido en ese instante era la persona que iba a ser hasta el final de mis días. Las ambiciones serían las mismas y mis fuerzas se limitarían a lo que eran en aquel entonces. Ni siquiera imaginé que algún día estaría dispuesta a dejar de usar mis sandalias de tacón…
Hace unos días me presenté a un evento de hondureños. Estaba consciente de que me encontraría con muchas personas porque en este tipo de eventos es fácil reencontrarte con tu pasado, y la verdad estaba lista para ello.

Mientras hacía la fila del evento, alguien que no supe identificar, estuvo saludándome y la verdad es que a pesar de su insistencia, no logré jamás recordar quién era.
Al llegar al final de la fila me llamó por mi nombre :

“- Gaby, yo fui tu compañero…”

Mirada de “Trato de recordarte, pero no lo logro”.

“-Soy J….”

Sí, era J.., con unos años de más, con barba, obligaciones, sacos y mucho trabajo.
De repente, regresé 9 años atrás, a esos momentos en los que sentada frente a la clase esperaba… Leyendo algo de Nietzche o de Sartre.

Por lo general, J… llegaba un poco después de mí al aula. Sin obligaciones, con sus jeans y sus camisetas de banda. Acompañado de dos o tres niñas que no sabían por qué siempre estaban persiguiéndolo.

Me saludaba muy alegre, y de vez en cuando hablaba conmigo… De qué temas? Sinceramente, no puedo recordarlo, pero seguramente de alguna clase, de alguno de los trabajos que habíamos hecho juntos o de la salida a Chiminike que habíamos organizado con mis aleras de la universidad.

J… se presentó como un espejo al hablarme. Como alguien desconocido, sin sus bandas, sin sus CDs de Belle et Sébastien y yo, sin mi suéter, sin mis tacones, sin mis lágrimas por confusiones y abandonos…

No soy la misma, no soy más la Gabriela de 19 años que creí que por siempre sería. No tengo más esas ambiciones de convertirme en una mujer exitosa ni intelectual (he llegado al punto de querer únicamente trabajar para vivir.. Para realmente vivir), que ha tomado buses en el desierto, que sueña con ir corriendo detrás de camellos, monos y elefantes. Que recuerda de vez en cuando la imagen de la tipa de 19 años, pero empieza a concretizar los dibujos que pintaría sobre su piel hasta el fin.

El ver a J… me hizo recordar que ya he dado tantas vueltas que no podría reencontrar a la persona que escuchaba Mylène Farmer en su cuarto mientras lloraba.

Me hizo darme cuenta que ya no me importa dejar de darle importancia a las ridiculeces de aquellas personas que me traicionaron… Que puedo reírme en la cara de mis ex compañeras de la escuela y decirles mientras me enseñan el anillo en su dedo (sin ningún tipo de culpabilidad ni envidia): “ Esas cosas a mí no me importan”.

No me importa que la Versallesa me pare la cara para recordarme cómo me golpeó en los peores momentos de mi vida.
No me importa no tener ambiciones profesionales y querer únicamente hacer aquellas cosas que me hagan reír.

Y me pregunto si al igual que yo ya no vi de nuevo al J… con jeans y camisetas de Pink Floyd, ya no veo a la Gabriela de suéteres sucios y sandalias altas.

A veces extraño mis 19 años. Extraño tener todas esas esperanzas... Era muy seria y me gustaba.
Ahora sólo vivo y disfruto... Me siento más satisfecha, pero a veces temo no saber cuáles son las consecuencias de esto.

16 junio 2014

El fracaso...



El fracaso, el fracaso... No me molestaría poder evitarlo, escaparme de él, no tener que enfrentarlo, pero a veces, debo admitir que es necesario... para estar alerta, para saber que estamos aquí, no allá.
Ayer, algunos elementos me recordaron que el fracaso forma parte de mí, que lo tengo en mí, como todo ser humano, pensante y caminante.
Entre copas de vino y champaña, entre recuerdos de la escuela y de la universidad, me decía que jamás tenía que olvidar, que el subir también significa que la caída será fuerte y se tendrá que ser astuto para volver a subir.

Cuando tenía 12 años, mi tía me inscribió a un concurso de la iglesia a la que asistía en aquel entonces. La esperanza de ella era poder demostrarle al mundo que su sobrina había heredado el don (¿o maldición?) que ella había adquirido... Todo estaba hecho para que tuviera éxito: descubrimiento de mi "talento", confirmación de mi "talento" por el pastor que la descubrió a ella y por último, prácticas, trabajo... mucho trabajo.
Después de 4 minutos de cantar, de haberme perdido en la pista, y de recibir un "No"  como respuesta, me enfrenté a la realidad, aceptando mi destino. Mi primera presentación de canto significó eso: fracaso.
La verdad, creí que dolería más, pero los múltiples fracasos a los que me enfrentaba en aquella época (malas notas, pocos amigos en la escuela, soledad...), amortiguaron el golpe.

Creí que nunca más volvería a cantar... Pero bueno, la historia se conoce muy bien.

A esta presentación de canto fui sin ninguna expectativa puesto a que el pianista y yo jamás habíamos practicado mucho juntos (sí, necesito practicar mil veces hasta que siento que el aria está perfecta). Y bueno, hice bien en poner un poco de realidad en mis ojos porque el aria fue un fracaso... A pesar de los meses de trabajo, del maquillaje, de mi disfraz, de mi intento de actuación.

Este fracaso duele un poco, pero como lo dije anteriormente, lo necesito... Lo necesito para trabajar más, intentarlo más, y aprender... Sobre todo aprender (no lo lean como  un libro de automotivación... porque no lo es).

Las visitas de los Versalleses, de P. de AP. y de todo lo demás puedo tomarlas como una recarga de los amuletos del dolor que cargo conmigo y me ayudan a caminar.


06 junio 2014

Amsterdam...

No fue la primera vez que toqué suelo holandés, y tampoco fue la primera vez que intenté ir a la capital de « la Libertad », como me gusta llamarla…

Cuando estaba en 6to grado, nuestros profesores organizaron un viaje a Francia “para permitirnos tener un primer encuentro” con la segunda cultura que habíamos estado adquiriendo durante nuestra vida escolar.
Debido al corto presupuesto con el que contaban algunos de mis compañeros para realizar este viaje –si, los bingos, y todos esos eventos no dieron ningún tipo de fruto-los profesores decidieron tomar una línea aérea que hacía escala en al menos 3 ciudades diferentes, y una de ellas fue Ámsterdam.
Después de dos viajes fallidos (comprar boletos de tren para no utilizarlos NUNCA es algo satisfactorio…) y muchas pesadillas por no haber comprado las pelotitas de animalitos que quería a los 10 años, pude al fin visitar Ámsterdam…

A los 10 años, en mi cabeza se dibujaban molinos y tulipanes… A los 22, coffee shops llenos de gente marihuaneándose. El día anterior a mi visita,contemplé un cuadro lleno de lluvias, incógnitas y decepciones.
Fui a Ámsterdam con un poco de miedo, imaginando un cuadro de charcos y gente de mal humor… Admito que la llegada a la Estación central de trenes no auguró nada bueno: el cielo estaba completamente nublado y si algo puede ser peor que eso, es darse cuenta que no se tiene un mapa para visitar la ciudad.
Después de negarnos a comprar un mapa por 2€ (Nota: jamás volver a olvidar que en los hoteles te dan una gran variedad de mapas gratis), Pame y yo decidimos utilizar nuestro espíritu aventurero y buscar los monumentos por nuestra cuenta (Mala, idea MUY mala).

Si puedo ser sincera, ese día no logramos encontrar el Museo de Van Gogh a pesar de haber caminado durante horas a lo largo de los canales. Y maldición! El cielo se negaba a ponerse alegre.

Nos sentamos un momento esperando a que las cosas mejoraran, y durante ese silencio encontré un ángulo muy bello de la ciudad. Llegué cargada de muchos prejuicios, insistiendo en que nada podía estar bien si todo estaba oscuro, pero los arbolitos a lo largo de uno de los canales, me demostraron lo equivocada que estaba…




“Démosle una oportunidad a Ámsterdam!”
A pesar del mal humor, la belleza de la ciudad se presentó como un destello de luz. Con sus bicicletitas y sus Coffeshops…

“Ha empezado a iluminarse”

Decepcionadas por no encontrarle sentido al Waking Tour – Southern Canal Belt  propuesto por el Lonely Planet, decidimos realizar el itinerario del centro Medieval. Saltamos desde el Magna Plaza hasta el Dam repleto de Febos. Tomamos fotos de estatuas cuyos personajes no conocíamos (para buscarlos después en Internet y culturizarnos un poco), oliendo en cada esquina el “perfume” que despedían los Coffeeshops.



Puedo parecer hipster, o lo que sea, pero el ambiente “alternativo” de esta ciudad fue bastante de mi gusto (sorpresivamente!), que le fui infiel a París durante este viaje. Fue un pequeño coqueteo, no más.
No fue Ana Frank, lo siento (confieso que no entre a ningún museo. Punto)…



Fue toda esa complejidad contradictoria que encuentro dentro de mi pecho, fue el Homomonument, la cristiandad del Beijinghof, y las peleas y las risas a gritos...






El objetivo principal del viaje era poder visitar los campos de tulipanes que se encontraban en Lisse, en las afueras de Ámsterdam.
Boletos a Keukenhof comprados.
Maldito Keukenhof! Se nos había pasado la fecha de los campos de tulipanes, así que nos vimos obligadas a quedarnos en el jardín de Keukenhof. Repito, Maldito Keukenhof!

No es que me haya parecido feo, pero estoy acostumbrada a Versalles, a Jardines de Luxemburgo, a Bois de Vincennes… Para qué querría visitar otro jardín fabricado más? Y para colmo, las nubes no dejaban de perseguirnos por todos lados.

Tomamos dos o tres fotos del lugar, desarrollé una obsesión por los tomates cerezas, identificamos el lugar en el que estableceríamos nuestra silla de ruedas cuando volviéramos a Keukenhof y nos largamos.




Ámsterdam nos recibió de mejor manera que Lisse… De eso no hay duda. El Sol del atardecer nos guió por todo el barrio de Joordaan y nos invitó a comprar en este café de pinturas y plantas, un pastelito sonriente que guardaríamos discretamente para después (¡La infantil criatura, la inocencia se acabó!).
Si de algo me arrepentí ese día fue de haber ido a Keukenhof, repito… Pero terminé comiendo una croqueta de pollo que saqué de uno de las cajitas del Febo, así que no importó la pérdida de tiempo en ese lugar.





Nuestro último día lo utilizamos para redescubrir a profundidad el Barrio Rojo (digo redescubrir, porque lo habíamos visitado el primer día... De manera muy rápida) y Nieuwmarkt. En el Barrio Rojo encontramos esta pequeña tienda asiática en la que al fin pude encontrar perlas de tapioca.
Este día, Pame y yo decidimos imaginarlo de manera relajada, así que mientras evitábamos que nos atropellaran las bicicletas (De aquí nació mi motivación para entrar al fin a clases de bicicleta), vimos por fuera el Rijksmuseum e insultamos a la gente que se ponia en frente de nuestro lente cada vez que decidía tomarle una foto a Rembrandt en Rembrandtplein...




Todo fue un prólogo perfecto para uno de los recorridos mas importantes: el recorrido de las prostitutas.
Después de haber regresado de mi viaje a Francia en el 97, ví este reportaje sobre el Barrio Rojo en la televisión. Presentaban a mujeres elegantes casi desnudas, ofreciéndose a los pasantes... Mis amigos que habían visitado la ciudad antes que yo rompieron el mito, describiendo a las muchachas como personas feas y exageradas...

Las prostitutas de Ámsterdam son como todas nosotras... Mujeres, simples, fuertes. Con menos ropa, sí, pero nada fuera de lo normal. Lo que sí me pareció cómico fue el gran número de hombres turistas aprovechando a que estaban en Ámsterdam  para ser ridículos.

Ámsterdam fue una experiencia más en mi vida... Y la espera, los boletos de tren rotos, valieron la pena.

Ámsterdam forma parte de mí, ahora...

¿Alguien me acompaña de nuevo a La Tertulia?

04 junio 2014

Béatrice...

“Duele pensar que vamos delante de este cuerpo, pero que la delantera es ya error y rémora y probable inutilidad, porque estas uñas, este ombligo,
quiero decir otra cosa, casi inasible: que el "alma" (mi yo-no-uñas) es el alma de un cuerpo que no existe. El alma empujo quiza al hombre en su evolucion corporal, pero esta cansada de tironear y sigue sola adelante. Apenas da dos pasos se rompe el alma ay porque su verdadero cuerpo no existe y la deja caer plaf.”


Hace unos días, entrando por la puerta principal del edificio de mi trabajo, vi de casualidad mi reflejo sobre la puerta de vidrio. Vi una persona de lo mas normal: pequeña, pelo ondulado, tez morena… Me costó reconocerme sobre esa superficie, era como si esa presencia que percibí durante unos segundos fuera algo completamente desconocido.

He crecido con este cuerpo, lo he alimentado, lo he dañado, lo he curado… He hecho todo con él, he sido él, pero en ese momento, no era yo. Era algo más… Era una de esas apariciones con las que convivo cada día en mi trabajo, en mis clases de música, en mi escuela de bicicleta, en el gimnasio, y hasta en mi misma casa.

Ese cuerpo no era yo… no soy yo…

¿Por qué? Simplemente porque en este momento soy un cielo de contradicciones, un océano de preguntas. Mi mente danza en el salón de las ilusiones… Y ya no se adonde me dirijo. Porque si de algo estoy segura es que estas ilusiones no están hechas para hacerse realidad. Pero mi alma las vive, las disfruta, las sufre… Dentro de mí, pero también fuera de mí. Con un cuerpo diferente que no es mío, pero con el cual camino.
Entonces sólo me queda dejar que mi alma y mi cuerpo sean dos, que vivan dos vidas diferentes: una en la que el cuerpo hace lo que tiene que hacer, y otra en la que el alma vive lo que tiene que vivir.

Pero el alma no tiene nada con que protegerse si no tiene esa “armadura” real… Entonces se golpea, y sufre, odiando al cuerpo por no dejarla avanzar más lejos, por no permitirle fusionarse con la esencia de lo intangible.
Béatrice…

03 junio 2014

La Dolce Vita...

Roma… Para muchos, la cuna de un imperio muerto, para otros la base de la religión católica, así como muchas otras cosas.
En lo personal, fui a Roma un poco a regañadientes ese 5 de septiembre del 2013. Mis colegas me habían hablado muy mal de esta ciudad, describiéndola como una “Ciudad Museo” y sin vida en la cual me aburriría muy rápido. Pero Pame soñaba con visitar este lugar, e insistió en que fuéramos aunque sea para visitar las ruinas.
Me alegra mucho que Pame haya insistido, porque de no haber sido por ella, jamás habría conocido esta ciudad.
La verdad, la ciudad me sorprendió: por una parte tenia el estereotipo de “la capital italiana”, pero por el otro, estaban esas pequeñas cosas que la hacían difierente a las demás capitales del mundo. Era realmente toda contradicción...


Comenzamos con un lugar no muy presentado por las películas y otros: el jardín de la Villa Borghese. Nuestro Lonely Planet nos había hablado sobre una vista fabulosa de la ciudad desde este punto. Desde ahí, Pame y yo tratamos de identificar los diferentes lugares en los que nos perderíamos: Fontana de Trevi, La Piazza di Spagna, La Piazza Navona etc., en vano, claro(como lo sabrán, no soy una persona de museos-aunque no estoy en contra de visitar algunos-asi que mis expectativas se dirigían especialmente a aquellos lugares en donde se encontrara la mayor libertad y vida)…
Lo primero que me sorprendio de la ciudad: la dificultad de visitarla a pie. El sol estaba muy intenso, y las calles hechas de piedra no tenían piedad de mis pobres tobillos. Asi que comencé la visita con mucho miedo… Pensando que la inmensidad de la ciudad la desfavorecería al lado de Venecia.
La Piazza di Spagna y su fuente de pez me refrescó por un momento. Está bien, confieso que estaba llena de turistas, pero eso no la hacía menos fascinante.


Empecé a escuchar las primeras notas de la canción de Zazie camino a la Fontana de Trevi, prediciendo de esta manera el sentimiento agri-dulce que dominaría una parte de este viaje.
La Fontana de Trevi se presento  de repente, inspirándome sentimientos a lo Fellini (claro que si tuve ganas de tirarme dentro del agua… pero desgraciadamente, estaba llena de gente).
Mientras tomaba fotos, Pame reía al ver que dirigía mi lente hacia personas desconocidas… (Soy una stalker natural, que puedo hacer?)



A la mitad del camino, Pame y yo morimos: el calor y el hambre eran insoportables, los turistas ahogaban, las piedras seguían destrozando mis tobillos. Así que nos detuvimos a comer un calzone no muy bueno y a criticar a los franceses que estaban cerca de nosotras (¡por favor, viajar no es viajar si no podemos criticar a la gente del lugar del que venimos!).
Seguimos nuestra caminata, a lo largo de la cual descubrimos al Panteón con su cúpula solar y la Piazza Navona… Con sus pinturas, con sus extremos y con sus colores.





Todo católico y amante del arte hace al menos una vez en su vida un peregrinaje al Vaticano… Al no ser ni amante del arte (me gustan las pinturas, la música, etc. Pero odio esa estúpida etiqueta que muchos se atribuyen… ¿Me parece que asesina al arte?) ni católica, visite el lugar con la hora de almuerzo en mente.
Voy a ser sincera: El Génesis de Miguel Ángel estaba bien, pero imaginaba algo mas mágnifico. El hecho de que tuviera a un guardia detrás de mi durante la visita no mejoro para nada las cosas. Por otro lado, sí me pareció bonita la Iglesia de San Pedro, pero la verdad, el lugar no me inspiró ningún tipo de sentimiento. Empiezo a escuchar las etiquetas: inculta, hereje, insensible…



 Aunque pudiera parecerlo, mi visita al Vaticano no me dejó indiferente. A unas cuadras del lugar encontré una de las pequeñas joyas de la ciudad: Dino e Toni.
Era una Trattoria común, a diferencia de que estaba llena de romanos (y no de turistas), y la gente gritaba por todos lados.
El mesero (que jugaba muchos papeles en el restaurante: mesero, gerente,...), me dió un menú y empezó a hablarme en italiano. Tenemos suerte de que nuestras lenguas sean muy parecidas, sino no sé cómo se habría dado la comunicación…
“Antipasti”
Al leer la palabra, imaginé que seria como los antipasti mediocres de todos los demás restaurantes visitados, asi que lo pedí sin muchas expectativas
Al ver el primer plato, mis ojos brillaron: croquetas de papa recién hechas y jamones frescos.
Un segundo plato llegó, lo cual sorprendió, debido a que nunca pedimos el plato en cuestión.
“Scuzi, me non pedir ese plato” – mi italiano inventado.
El mesero me insistía, gritando “Antipasti” y señalándome la palabra en el menú… Sí, señoras y señores, el segundo plato TAMBIÉN formaba parte de la orden.
Pame y yo nos preocupamos ya que habíamos pedido una orden de pastas para mí y una pizza gigante para ella… Pero por favor, ¿cuándo podríamos volver a comer en Dino e Toni? Mejor arrepentirse por estallar de gordas a dejar algo de este mágico, maravilloso y brillante banquete.
Me gustaría decir que en ese día, la mañana duró hasta el final, pero las cosas empezaron a “atardecerse” hasta terminar en una noche oscura.

Después de darnos una ducha en el hotel, Pame y yo tomamos el bus que nos llevaría hasta Trastevere. Dentro de éste, nos encontramos a un muchacho cuyo semblante no nos inspiró confianza. Con mi sonrisa característica, me acerque a él para preguntarle si estábamos tomando el bus correcto… Él, sin ningún tipo de expresión, me contesto fríamente: “sí”.
Pame estaba muy asustada, el muchacho no le inspiraba confianza, pero yo no estaba dispuesta a arruinar mi visita por eso.
Trastevere es el “Otro yo” de Roma… Una especie de pueblito dentro de la gran ciudad. Algo asi como Montmartre en París. Me emocioné capturando la calidez del atardecer, pero este empezó a establecerse de manera permanente…
Lloré a lo largo de Trastevere y rompí mis sueños de sentarme a tomar un jugo de naranja en una de las terrazas. Al terminar mi ebridad de pasos, escuché un silbido a lo lejos: era el muchacho del bus, vestido de mesero, llamándome y sonriéndome.
“Hola! Hola!”




No pude sonreírle esta vez… Le devolví el saludo y me fui. Llorando, siempre llorando. Tomé las calles principales de Roma, contemplé un largo rato las ruinas, pensé… Tome ilegalmente un bus (sin pagar), anocheció… Me quede sola, de todas las maneras existentes… Sola, con mi cámara y pensando en todo lo que no soy y soy. El volumen de la cancion de Zazie se intensificó hasta convertirse en un grito inaudible dentro de mi pecho.




Día 3 - aquellos amigos que ya habian visitado Roma me aconsejaron que llegara temprano al Coliseo para aprovechar el lugar despues de la larga fila de 2 horas. A pesar de que la busqué, nunca encontré la fila en cuestión... En efecto, entré muy rápidamente al Coliseo, pero (siempre hay un pero) lo que nunca preví fue la insolación... Adorada insolación, insolación asesina... Después de 2 horas en el Coliseo y 2 horas en el Palatino, descubrí todas las caras de este estado. El proceso empezó bajo la sombra, caminó por medio de los pasajes sin sombra del lugar y terminó con una foto de Pame y yo frente al Coliseo, tomada por una amable señora italiana que no tenía ni la mas mínima idea de cómo usar la cámara. La mañana me torturó... El sol me vomitó.





En fin. Toda insolación fue recompensada con un delicioso helado de Giolitti... Toda mala experiencia merece un helado con Panna Cotta de esta heladería.

Bendita seas Roma... Benditos tus antipastis y tus helados... Y tus días de insolación.

22 mayo 2014

Seguir siendo...


Me cuesta mucho describir el sentimiento de impotencia que tengo en este momento. No es fácil controlar todos estos mareos causados por el caminar.
Y sin embargo…
El sábado tengo el examen que me definirá como “persona”… Este examen me dara una nota, la cual podrá ser utilizada por una de las escuelas de comercio publicas, para determinar si puedo o no formar parte de ella.
Hace unos años, cuando me desgastaba leyendo libros y escuchaba en mi mente las voces de mis excompañeros del colegio recordándome lo “mediocre” que soy, habría pasado meses estudiando para no quedarme atrás… En este momento, simplemente no me importa.

La verdad, me preocupa un poco no sacar buena nota (la costumbre me ha hecho muy exigente conmigo misma), pero al mismo tiempo me niego a dejar de ser humana para ser como todo el mundo.
Desde hace unos años, esa fantasia por “ser alguien a través de mi vida profesional” se ha ido apagando, y he llegado al punto en que ya no me importa mi vida profesional, ni intelectual, ni artística, ni nada…

A veces sueño que renuncio a mi trabajo, que tomo mi cámara y mis trapos y me voy a dar vuelta. Adonde? No tengo ni la menor idea… Pero algo si se: se que no quiero dejar de sorprenderme, ni de abrir tanto los ojos hasta tragarme con ellos la esencia de todas las cosas que podrían rodearme.
Quiero sentarme bajo los arboles atraga budas, quiero comer con los elefantes, pelear con los monos, llegar a todos los picos del mundo, quiero conocer gente que me pueda hacer llorar con su dulzura… Quiero comer, conocer, sentir.
No quiero ser la mejor, ni la que mas sabe, ni a la que mas quieren, solo quiero ser completamente yo.
No quiero salvar el mundo, ni liberar a las masas…
No quiero hacer este examen. No quiero integrar la escuela de comercio. No quiero seguir trabajando en una oficina.
QUIERO SER YO…
Aun con la dinastía Le Pen prohibiéndome ser YO… Aun con mis seres queridos…
YO

13 mayo 2014

Emérveillement...

Sé que hago muchas idas y vueltas entre el pasado y el futuro, termino en un viaje intemporal que no define exactamente en dónde estan todas las experiencias de mi vida. Podría decirles que entre el 2010 y el 2011, los vientos me llevaron por Venecia, Barcelona, Lisboa y por muchas ciudades de Marruecos. En el 2012, tomé un descanso para retomar de nuevo mi peregrinaje en el 2013…

Julio y agosto del 2013 fueron meses vecinos, pero contrastantes. Pasé de colores verdes cálidos e intensos, a grises fríos y pálidos. Pero tuvieron en común eso de lo que mi papa me hablaba cuando salíamos a comer en mis años de adolescencia: el encanto.


















El encanto… La verdad, en estos veintitantos años, el encanto es necesario para no caer en la “inmovilización” que te hace creer que ya nada va a avanzar, que lo mejor es morir. El encanto es un tipo de gasolina.
Nace de cosas inesperadas o simplemente de castillos cuyos bloques vamos poniendo uno a uno hasta terminarlos.

El viaje a San Lorenzo (Honduras) fue el resultado de un aborto de viaje a Roatán. Al no poder cumplir mi sueño de ver a través del agua transparente todos los pececitos de colores, le rogué a mi papá que me llevara a San Lorenzo a vivir experiencias nuevas... A comer.
Nos detuvimos muchas veces a comprar rosquillas y a abrazar eólicas (¡Estoy cansada de manejar parques eólicos, pero no me creerían si les dijera que era la primera vez que estaba en un parque eólico!), pero el encanto inició cuando mi papá espontáneamente dijo al ver una lancha acercarse: "¡Demos un viaje en lancha!"

















Con Lidia y Pame habíamos programado muchas veces el viaje al Mont-Saint-Michel... En vano. Se salía de nuestro presupuesto. Simplemente no era posible imaginar un viaje si nos faltaba un auto. Pero ese día, me llegó un correo avisándome sobre las increíbles promociones de tren hasta Rennes.
¡Y el bus desde Rennes!
Fue realmente un peregrinaje, entre el tren, la noche de hotel, el metro, los buses hasta el Mont-Saint-Michel, pero valió completamente la pena al ver ese monasterio aislado del mundo.
Tuvimos mucha suerte porque ese día era el día que las mareas estaban más altas, así que pudimos apreciar durante unos momentos cómo el aislamiento estaba aún más pronunciado.

















El muchacho que conducía la lancha nos dijo las paradas de nuestro itinerario: La Playa del Amor - La Isla de los Pájaros - El Puerto de San Lorenzo.
¡Qué maravilla era ver esos árboles que se protegían con sus propias raíces! ¡Y la Isla del Amor - llegan dos y se van tres!
La Isla de los Pájaros fue tal y como la imaginé: un lugar dominado por pájaros hembras y sus bebés. Un lugar hermoso escondido del mundo y de la imaginación de las mentes grises de Europa.





















Si bien el Mont-Saint-Michel es una atracción turística muy frecuentada - y en la que es casi imposible desplazarse - con Pame decidimos recorrer sus callejuelas, contar sus piedras y puertas de madera.
Su Monasterio - a pesar de que estoy cansada de los lugares religiosos - me entretuvo con sus colores verdes, sus estrellas y su frío... Pero el exterior. ¡Sobre todo el exterior me maravilló!
A veces, odio mi cámara. Odio que aunque sea mi cajita mágica no pueda sentir cómo yo y capte la manera de volar.





















Si pudiera hablar del encanto, sería con estos contrastes de experiencias, idas y vueltas. No quiero jamás dejar de sorprenderme. No quiero dejar de quedarme callada al ver algo, comer algo, o escuchar algo.... No quiero.