28 abril 2017

Día 4 - Órganos de arena negra en Vik y "maravillación"

El día no parecía, al igual que los precedentes, querer tener ningún tipo de clemencia con nosotras. Debo confesar que hubo un punto en el que la lluvia dejó de ser una preocupación y empezó a formar parte de nuestro vivir.

Sin embargo, al salir de nuestra guesthouse en Sólheimahjáleiga, recibimos una sorpresa: un rayo de sol. Un rayo de sol que nos permitió tener un poco de esperanzas sobre este día tan especial, en el que visitaríamos uno de highlights del viaje: las playas de arena negra aledañas a Vik.

Entonces, nos subimos a Jimmy y dejamos que los colores del cielo islandés se encargaran de maravillarnos con cada kilometro que recorríamos.














































La soledad de los lugares, y sobre todo su belleza natural constitutían el escenario perfecto para nuestras historias. Sin exagerar, puedo afirmar que hacíamos grandes esfuerzos para no detenernos a cada centímetro que recorríamos, para tomar fotografías. Era antinatural el no querer capturarlo todo en nuestras cajitas de luz.

¿El momento en que nuestra "maravillación" llegó a su cúspide? - El momento en el que aparcamos a Jimmy frente a la playa de arena negra.















































Si pudiera describir con palabras o aún con fotos la belleza e imponencia de este lugar, no me encontraría así de frustrada. Pero el encontrarme así, dándoles esta descripción tan mediocre de lo que fue el escuchar el golpe fuerte de cada ola, el viento que llevaba todas nuestras preocupaciones, nuestros pies que dibujaban nuestra presencia en este lugar, me mata. Simplemente me mata.

Pame y yo decidimos no escuchar los consejos que se nos habían dado y decidimos ir a dar una vuelta rápida al pueblo/ciudad de Vik. Y obviamente, no nos arrepentimos, en especial porque tuvimos la oportunidad de ver la playa desde otro ángulo, y al mismo tiempo pudimos visitar otra playa, aún más sola, aún más bella...

Al mismo tiempo, utilizamos nuestro encanto "latinoamericano" y recibimos con mucha alegría los cumplidos hechos, por un vendedor, a nuestras sonrisas.
















































Esta última playa se pintó como el lugar perfecto para comer nuestros sandwiches y tomar nuestros cafés de thermo, mientras mirábamos el día pasar.
Escuchar las olas con cada sorbo de café, con ese sol que nunca termina de levantarse ni de acostarse, todo eso, compensó los días lluviosos a los que tuvimos que enfrentarnos.

Cuando ya el café nos aburrió decidimos tomar camino hacia nuestro hotel cercano a Skaftafell para aprovechar que el sol decidió poner un poco de color a nuestras vidas.

Encendimos el auto, pusimos "What's up" (porque sí, miramos Sense8) y manejamos, deteniéndonos en todos los rincones, viviendo en lo que sólo nuestras imaginaciones pudieron concebir algún día.





















































































Y terminamos nuestro día perfecto, en el hotel perfecto en medio de la nada, tomando cervezas islandesas perfectas, esperando que nuestra visita a Jokulsarlon, el día siguiente, fuera igual de perfecta.



































18 abril 2017

Día 3 - Impermeabilidad y cascadas

Mi piel, mi alma, mi conciencia se han envuelto últimamente de esta materia impermeable. Ya no siento, ya no sueño, ya no deseo.
Me he convertido en una especie de material industrial cuyo propósito es únicamente de naturaleza práctica.

Sin embargo, el haber entrado en "Jimmy" ese día y recorrido parte del Sur de Islandia desde horas tempranas de la mañana, agujerearon este escudo, mostrándome que por dentro existían siempre este mar, este río, estas cascadas...

Decidimos tomar el auto y manejar bajo la lluvia, confiando en que en Selfoss o en otro lugar encontraríamos algún Bonus con el que reaprovisionarnos. Y tuvimos mucha suerte puesto que el Bonus ahí estaba, con sus Skyrs y sus bananos de precios exhorbitantes (10 € por cinco bananos, ¿Bromean?).

Miramos amaneceres a medias. Nos aferramos a la ruta, peleando contra el viento que insistía en hacernos volar.

"-¡Ahí está! Mirala, ahí está. Ahí está Selfjalandfoss " grité al ver cómo la imagen de esa cascada magnánima destrozaba la materia sólida en la que me encuentro encarcelada



Y toda esta impermeabilidad cedió al estado de movimiento. Nos empapamos al vernos minúsculas en este mundo, al escuchar los gritos de la montaña que nos obligaban a volver a nuestro estado original.

































Derritiéndonos con el café del thermo rojo, nos volvimos lo que realmente somos. Eso que somos y que tanto odiamos,

"-Subamos hasta la punta" - Me dijiste.

Y yo aterrada subí por las gradas que se encontraban al lado de Skogafoss, jurándome odiar el no tener conmigo esa impermeabiidad que tanto deseaba en ese momento.

















Pero me prometiste curar mi dolor por no ver el avión abandonado con un plato de pastas y salchichitas, cocinado en con los utensilios de la Guesthouse de Sólheimahjáleiga. De esos que uno utiliza para desempermeabilizarse aunque sea por unas horas.

23 marzo 2017

Día 2 en Islandia– El Círculo Dorado bajo un día tenue (06/11/2016)

Es probable que haya fallado en la organización de este viaje, ya que por todos lados leí que noviembre era el peor mes para visitar este país, y aún así decidí ir en esa época.
Mi problema fue que confié en aquellos comentarios que repetían el dicho islandés: “Si no te gusta el clima de Islandia, espera 5 minutos”.
Juro que esperé. Esperé 5 minutos, 5 horas, pero el clima siguió siendo igual de malo de mañana a noche.

Pero no estaba dispuesta a rendirme. Mi idea era visitar Thingvellir y Geysir sin que nada se interpusiera en mi camino (ni la lluvia…).
Así que después de comernos unas cuantas tostadas y un Skyr cada una, Pame y yo preparamos nuestro thermo rojo (bendito thermo) y armamos los hot dogs para el almuerzo.
Alistamos nuestras camisas, nuestros suéteres de Merinos, nuestras polares y nuestros gruesos  abrigos impermeables, y decidimos entrar al baño hasta que… nos dimos cuenta que el agua caliente de la ducha no funcionaba.

Después de ahogarnos en una crisis de pánico, decidí salir corriendo, bajo la lluvia, a la casa de nuestro host de Airbnb.

El señor, muy amablemente, me contestó que sólo tenía que esperar un momento antes de que el agua caliente saliera.

Nuestra impaciencia es nuestra característica más fuerte…

Vestidas con un look de cebollas (díganme que no se sienten de esa manera después de ponerse todas esas capas de ropa), llevamos nuestra hielera repleta de skyr y hot dogs al auto y emprendimos nuestro viaje hacia el Parque Nacional de Thingvellir.

Google Maps fue realmente el héroe de esta historia, ya que sin su guía, Pame y yo nos habríamos hundido en las arenas movedizas de la ansiedad. Sobre todo, tomando en cuenta que la lluvia no estaría dispuesta a abandonarnos…

No puedo decir que la experiencia en el parque de Thingvellir haya sido muy agradable porque la verdad es que el empaparse los pantalones y luchar con el protector impermeable de mi cámara fueron las actividades principales de mi visita.

Pero sí puedo decir que mis ojos disfrutaron lo que vieron y mi mente imaginó todo tipo de luchas “a lo Game of Thrones” en ese lugar.

Por muy lindas que fueran las cascadas, lo que mi mirada capturó con más emoción fueron esas piedrecitas negras que fueron algún día Europa y América (placas tectónicas, tenemos muchas más cosas en común de lo que se puede creer).






































A diferencia de muchos turistas que se encerraron en el centro de información y pagaron más de 5 €por un café horrible de máquina, Pame y yo preferimos encerrarnos en “Jimmy” y tomar de nuestro café horrible del thermo rojo.

Era de las pocas veces en mi vida que tomaba “café de thermo’ y puedo confesar que quedé sorprendida al tomar el primer sorbo: el café estaba aún hirviendo.
Por otro lado, los hot dogs no fueron nada que cambiara mi vida, pero cumplieron las expectativas para llenar el estómago.

Cuando nuestra ropa terminó de secarse, Pame y yo decidimos seguir con nuestro camino.
A pesar de que eran a penas las 2:00 pm, empezábamos a sentir el inicio de la noche sobre nosotras, y si bien teníamos planeado visitar otras cosas ese mismo día, decidimos detenernos en Geysir.
Geysir es hermoso, pero huele al infierno. A un infierno lleno de excremento.

La lluvia siguió arruinándonos el momento, pero las explosiones y columnas de agua justificaron todas nuestras incomodidades.






Si bien la lluvia no dejó que el día fuera perfecto y las fotos tomadas fueran más patéticas que mis años de escuela, el viaje fue hermoso... hasta el regreso tuvo esa perfección indescriptible que sólo los diferentes tonos nocturnos pueden contarnos.

10 febrero 2017

Siete días en el paraíso (nuestra aventura Islandesa)

El año 2016 fue un festival de caos internos el cual me llevó a cuestionar muchas cosas sobre mi vida, sobre mi posición actual en la Tierra, sobre mi interacción con los demás y sobre todo a encontrar las razones por las que he definido mi existencia a través de los ojos de lo "de afuera" (guiando mis acciones a estos entes externos que poco conocía).
Recuerdo haber estado en el trabajo, con un deseo incontrolable de novedad, rogando por liberarme de este cansancio, cuando vino la idea: Islandia.

Había estado temporalmente en este país, sin realmente conocerlo, pero en ese momento, cuando mis ideas  estaban menos claras que de costumbre, supe que tenía que volver a visitarlo y tener un encuentro aún más cercano con él.

Así que reuní mis ahorros del año anterior y compré los pasajes de avión. Alquilé el automóvil sin realmente estar conciente de mis actos y empecé a incluir en mis sueños los paisajes salvajes y la ausencia de seres humanos.

05 de noviembre del 2017 : Introducción

Dos cosas se encargan de hacer que mis experiencias de viaje sean menos placenteras de lo que deseo : la menstruación y la lluvia.
El destino se encargó de ponerlos a los dos en mi camino, durante mi aventura.

En el aeropuerto, sentada en las posiciones más extrañas e incómodas del mundo con la intención de no causar "accidentes", mientras miraba con ansiedad los dibujos de nubecitas y rayitas que la aplicación del estado del tiempo me  proporcionaba, rogué por que estos dos elementos no se encargaran de influenciar sobre el mar de adrenalina que se avecinaba (sí, era la primera vez que Pame y yo viajábamos en auto alquilado, aquí en Europa,  y sí, fue la primera vez que experimentábamos Airbnb).

Al llegar a Reykjavik, no había lluvia. En realidad, no había casi nada a nuestro alrededor: no habían muchas infraestructuras, no habían muchos humanos, pero desgraciadamente tampoco habían shuttles hacia la compañía de alquiler de autos, lo que significaba esperar en temperaturas negativas.

Mi falta de tolerancia al frío me empujó a interactuar con una de las aeromozas, con el objetivo de preguntarle adónde podía encontrar el preciado bus.

La señora me señaló con el dedo el lugar exacto en el que lo encontraría (spoiler: el bus se encuentra en el mero parqueo. Ni se molesten en esperarlo en la parte techada del lugar) diciéndome al mismo tiempo que llegaría en unos minutos.

LOS. MINUTOS. MAS. LARGOS. DE. NUESTRA. VIDA.

Pero el conductor nos recibió muy amablemente, con una sonrisa (primera buena señal de un viaje perfecto).

Llegamos a la compañía, tomamos nuestro 4x4 Jimny Suzuki (que bautizamos “Jimmy”), encendimos nuestro Google Maps (el cual fue como una revelación en este viaje. Descargamos el mapa entero de Islandia en nuestro celular y utilizamos la aplicación offline durante la aventura. FUE PERFECTO. Nunca nos perdimos y esto también contribuyó al éxito de este viaje ).

Al inicio, teníamos mucho temor, pero fuimos acostumbrándonos a la voz molesta de la aplicación. Y cuando llegamos a nuestra primera cabañita nos sentimos victoriosas y llenas de orgullo. Los pajaritos del árbol hicieron un desfile de sonidos para celebrar nuestra llegada. Fue maravilloso.

video


Ese día decidimos no visitar nada y utilizarlo únicamente para comprar víveres (spoiler 3: la comida en Islandia no es fuera de lo normal, ni proporciona “orgasmos” culinarios, por lo que comprar cosas en el supermercado es la mejor opción para cualquier persona que esté de paso por este país).
En todo caso, necesitábamos guardar energía y tolerancia para lo que venía al día siguiente: Visita del parque nacional de Thingvellir y de los geysers de Geysir.

Continuará…

09 mayo 2016

Dans les rues de Londres...

Mentiría si dijera que Londres era uno de los destinos en mi "lista". En mi adolescencia lo fue, pero lo que hacía que esta ciudad fuera llamativa para mí en aquel entonces es lo que me espantaba en mis años de adulta: la lluvia.

¡Cómo algo que amaba tanto en mi infancia se convirtió en un repelente en mi existencia! Lo que me hacía respirar a lo 14 años es lo que me impedía moverme a los 30.

A pesar de todos mis prejuicios, me dije que rellenar una pieza más del rompecabezas europeo sólo alimentaría mis perspectivas del mundo y que eso no podía ser algo malo en mi vida.

Reservamos un pequeño hotel cerca de Swiss Cottage, a unos cuantos pasos de Abbey Road. El primer día fue un mal auguro: nuestro viaje no podía desarrollarse en un día de excepción, la lluvia nos acompañaría. 


Bajo un cielo gris y algunas gotitas amenazantes, caminamos desde el Parliament House hasta el Regency Café, el cual se encontraba cerrado, impidiéndonos de esta manera tener nuestro tan soñado "English Breakfast".

Nos conformamos con un sandwich de huevo y embutidos de "Prêt-à-manger" (descubriríamos más tarde que esta cadena de restaurantes sería nuestra acompañante). 
Comimos, discutimos y luego de un sorbo de agua, planeamos nuestros pasos hasta Buckingham Palace.

La lluvia me entristecía, me frustraba, pero guardaba la esperanza de sentir algo al ver las ardillitas de St James Park, quienes me esperaban en medio de las flores semi marchitas.

Las disputas y la imagen de estos animalitos me hicieron pensar en Legato, quien se encontraba en casa de Vane ese fin de semana. 
Legato es el único ser en el que podía encontrar cierto refugio. En medio de esa adversidad y odio, era lo que necesitaba para sentirme completa en medio de tantas torres conocidas y desconocidas al mismo tiempo.

Antes de probar y reprobar el plato "típico" de la ciudad, Fish n' Chips (por primera vez en mi vida, odio la comida de un lugar) en Masters Super Fish, me descubrí una nueva adicción: la adquisición de todo tipo de cremas para la cara y el cuerpo, así como bálsamos para labios.

(Los que me conocen, saben que tenía un problema con mis labios: estos se secaban rápidamente y terminaban convirtiéndose en una red de heridas y sangre).

Oxford Street fue mi santuario dentro de esta ciudad. Aún sigo añorando tener dinero ilimitado para poder gastarlo en cosas innecesarias (y de cierta manera necesarias) en ese lugar,

 Al llegar a nuestro hotel, y mientras sufría una terrible indigestión por el Fish n' Chips, pedí al repcionista que me prestara un adaptador eléctrico para cargar mi celular... Necesitaba tener noticias de Legato, y el no saber nada de él no me permitía disfrutar completamente del viaje.

El recepcionista, quien unas horas antes me estaba prestando gratuitamente el adaptador eléctrico, me pedía un depósito de 5 libras para poder prestarme el "chunche" ése.         

Al no tener ni un cinco en efectivo, vi mis esperanzas de saber de Legato desvanecerse frente a mis ojos, hasta que vino mi salvador... un desconocido quien le pidió al recepcionista que me prestara el adaptador, que el respondería por mí en caso de problema.

Confieso que al día siguiente intenté hacer lo que todo turista haría: cruzar el paso de zebra del Abbey Road. No porque me gusten Los Beatles, sino sólo por "vivir la experiencia".

Lo que no medí en ese momento era lo ridículo del acto, así como el deseo de todos los turistas en Londres por converstirse en unos segundo en el famoso grupo de cantantes.

A la primera tormenta de granizos salí corriendo del lugar, buscando el sol en Camden Market y sobre todo en los estantes de comida internacional de Bricklane. 




No fui con muchas expectativas a Londres, pero no puedo decir que no me gustó. La parte consumista del viaje fue lo que más me emocionó y espero poder tener más oportunidades como ésta para visitar y conocer mejor la ciudad...

¿De nuevo este año?


                                                                                                                                   





19 abril 2016

Ma i fior ch'io faccio, Ahimè! non hanno odore




Podría hacer un análisis de los personajes de las arias que estoy trabajando actualmente. Podría hacerlo, es más, debería hacerlo. Debería tratar de comportarme como ellas durante este tiempo: escondiendo los errores cometidos, dándole largas a mis frustraciones por no hacer o ser lo que se espera.

Decía una persona por ahí que pareciera que quiero ser lo que los demás quieren que sea. De cierta manera, lo hacemos todos… Caemos en esos errores que traicionan a nuestras filosofías y pensamientos.

Dicen que Anna Netrebko no “hace lo que se espera” al interpretar a Mimi. No lo interpretó de manera “satisfactoria operáticamente”, dicen. Muy sensual y todos esos asuntos, dejando de lado el amor.

Pero de las que he visto, la interpretación de Netrebko es la que más me gusta. Si bien Mimi es una muchacha dulce y un tanto ingenua, es mujer… es mujer y no es solamente un puñado de flores de papel. Es una mujer que ama, que desea, que a pesar de su enfermedad, trabaja para sobrevivir… Es una muchacha que desea absorber la belleza que se encuentra a su alrededor aún cuando sólo hay banalidades. Es alguien que quiere reproducir esa belleza natural, pero no lo logra y se frustra.

El día de hoy, soy Mimi. Podría incluso hacerme un “Hashtag” para que la gente lo entienda. Interpreto a Mimi porque esa frustración de lograr hacer que algo provocado y aprendido se convierta en algo natural me domina en este instante.

No bordo flores todos los días, pero me esmero en hacer que las notas que salen de mí transmitan lo que se encuentra adentro. Pero no lo logro… No logro que esas notas tengan olor.

Tatiana marcó muchas partes de la partitura y me dio a entender que todavía me falta mucho para que esto sea perfecto y pretenda ser “natural”.

El problema no es el trabajo para lograr que esto sea perfecto… lo es que a pesar del trabajo, no llega a serlo.



03 diciembre 2015

She's having a crisis about being



Así no más decidí desactivar mi cuenta de Facebook, sin una explicación válida. ¿O sí? No creo que sea necesario para nadie el que yo tenga una cuenta en una red social. No lo justifica ni el hecho de que ahora el "estar conectado" es un derecho y que si no "estás en línea no existís y no tenés identidad electrónica".

No existís si no pasás 24/7 apretando el botón de bajar, si no ponés "Likes" a cualquier imagen de gato, si no publicás tus fotografías, si no hablás con desconocidos para los cuales tu vida no es algo interesante... Vivís a través de Facebook (u otras redes sociales) e ignorás completamente tus verdaderos deseos y ambiciones.

Esperás tanto, ansiás tanto, no recibís nada y empezás a sentirte inexistente, vacía, sin gracia... Sentís esa maldita nausea que creíste única a Sartre. Planeás tu desaparición... Tocás fondo... Y sabés que la solución es únicamente apretar "Desactivar" y desaparecer durante un tiempo, hasta después de haber vuelto a retomar el control de tu vida y alimentar tu verdadera existencia.