02 noviembre 2017

Los venaditos de Nara

Recuerdo que cuando era niña, tenía esta concepción de que los animales y la naturaleza en general eran algo inalcanzable, parecido a un tesoro cuyo valor excedía el de cualquier otra cosa. Mis papás tenían que pasar horas consolándome porque el ver un poco de humo en la montaña, ver un perrito en la calle, o que me dijeran que nunca iba a tener la posibilidad de conocer a algún animal, me provocaban esos berrinches que tan poco ellos soportaban.

En mi adolescencia, las cosas cambiaron: empecé a obsesionarme con los humanos, en querer ser aceptada por ellos. Pasaba horas escribiendo “chismógrafos” para estar segura de que X o Y me consideraban su amiga.

Aún cuando vine a vivirme a Francia, me sentía atormentada al pensar que no tenía amigos, que el estar sola era mi castigo por mi forma de ser.

Pero un día llegó Aston - el perrito de un amigo de Pame – y las cosas empezaron a cambiar en mi manera de pensar. El cariño desinteresado que éste me dio y las cosas que éste me enseñó me hicieron recordar que para tener magia no necesitaba buscar a mis congéneres, que ésta ya no se encontraba en esa masa de seres aburridos.

Y así fui buscando de nuevo mi “alegría” con otros seres vivientes. Insistí en convivir con ellos, en sus hogares, en sus ciudades.

Los monos de Lopburi. Los elefantes de Kanchanaburi. Los venados de Nara.

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26 octubre 2017

Cherry blossom girl moment

Uno de mis grandes sueños, antes de ir a Japón, era experimentar, al menos por un día, lo que era una vida dentro de un kimono. ¿Y qué mejor momento que mi viaje a Kyoto, durante la temporada de cerezos en flor?
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23 octubre 2017

Train à Kyoto

Después de una semana llena de “altos” y “altos” (mi excitación “tokyoita” no va a terminarse pronto… hasta el día de hoy tengo esa extraña y enferma necesidad de regresar), decidimos empacar nuestras cosas y tomar el Shinkansen a Kyoto.
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12 octubre 2017

Cuando Odaiba te decepciona, pero Ginza y Shibuya salvan el viaje

Interrumpí mi relato japonés para llenar mi blog de un mar de estrés y depresión, pero tomando en cuenta que el origen de mis tristezas ya ha sido eliminado (hasta que venga otro), seguiré con mi cuentito japonés.
Los últimos días de mi semana “Tokyota” se caracterizaron por darme la oportunidad de hacer cosas y al mismo tiempo no hacer nada.
Mi buen humor crecía, al mismo tiempo que las flores de cerezo, y el jet lag había desaparecido completamente, permitiéndome al fin aprovechar de mi soñado viaje.
Hablando de sueños, uno de los más grandes que tenía al ir a Tokyo era conocer en persona la estatua gigante de Gundam, ésa que se encuentra en Odaiba. No porque sea gran fanática Gundam, pero cuando me dijeron que era una estatua que echaba humo y todas esas cosas, mi geek interno no pudo retenerse.
Así que atravesamos Tokyo entero para llegar a Odaiba, nos tomamos fotografías en el lugar, hablamos felizmente con una francesa y reímos durante muchos minutos.
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HASTA…

29 septiembre 2017

Forget about it...



Cualquiera diría que ya no tengo la edad para este tipo de dramas, que el vivir en un estado de “fatalidad eterna” es para niñas “emo” de 15 años y no para señoras de más de 30. Y sinceramente, aunque no quiera aceptarlo, debo decir que estoy completamente de acuerdo, que ya no tengo ni tiempo ni energía para todo esto.

No sé cómo llegué a esto. No sé si fue mi depresión post-viaje a Japón o si simplemente dejé que todas mis inseguridades, ésas que llevo cargando sobre mis hombros durante más de 31 años, fueran las que quebraran mi espíritu de nuevo. Lo que sí sé es que después de mi viaje a Japón, empecé a hundirme en una tristeza y en un cansancio inexplicables.

28 septiembre 2017

Estado amoroso: es complicado

Una de las óperas que más ha marcado mi patética existencia es Les Contes d’Hoffmann, de Offenbach.
El día en el que al fin tuve la oportunidad de verla, llegué a la sala de la Opera de París esperando a ser sorprendida por Olympia y su aria de la muñeca, pero finalmente fue Antonia quien tocó mi corazón.


22 septiembre 2017

Concurso de entrada al conservatorio - Parte 2

Dos mil diecisiete, el año de mis fracasos musicales en serie.

El año en el que decidí no escuchar a mi intuición y a mis capacidades físicas y mentales, y decidí volver a intentar el concurso de entrada al conservatorio.

Supongo que el que mi profesor y mi ex compañera de canto me impulsaran a hacerlo, influyó mucho en mi decisión. Porque seamos sinceros, después de esta mediocridad (ver video de abajo), el querer volver a hacer este concurso es un riesgo muy elevado.




Podría poner muchas excusas. Podría justificarme diciendo que el aria del video es muy difícil, que trabajé demasiado causando, de esta manera, un cansancio extremo, que no me sentía segura, etc. Pero la verdad es que lo que cuenta es el resultado, y el resultado no fue brillante.

Para este concurso decidí sacar, sin embargo, la carta del “lobbying”, mejor conocida como la estrategia de “voy a encontrarme con la profesora muchas veces (quien, “casualmente”, es una de las jurados) y practicar muchas veces con Tatiana (quien resulta que también es jurado, de “casualidad” )”. “Coquetear” con dos jurados para llegar a mi fin… 2 jurados de 4… Quizás pueda contar con el apoyo de Tatiana, al menos. 1 jurado de 4…

No sé si me siento orgullosa de estas cosas, ya que para mí lo importante es que me escojan por mi talento y mi dedicación, no por andarle sonriendo a todo el mundo, pero bueno, ya es hora de que me baje de mi nube y usé todos los medios legales para ser aceptada.

El 30 de junio tuve mi primera pre-audición con la profesora de canto: dijo que cantaba con la garganta. Primer fracaso.
Ayer fue mi segunda pre-audición (cuántas pre-audiciones tengo que hacer? “Lobbying”, chicos, lobbying): la profesora, muy amablemente, me pidió que dejara de cantar. Fracaso número 2.

Todavía tengo una semana para mejorar. Tatiana practicará conmigo, y espero realmente que pueda salir algo bueno de todo esto.

Evito juntarme con gente para que el virus de resfriados que anda circulando por estos lados, no desee hacer casa en mí.

El 30 de septiembre es el día decisivo.

No tengo más que decir.