12 octubre 2017

Cuando Odaiba te decepciona, pero Ginza y Shibuya salvan el viaje

Interrumpí mi relato japonés para llenar mi blog de un mar de estrés y depresión, pero tomando en cuenta que el origen de mis tristezas ya ha sido eliminado (hasta que venga otro), seguiré con mi cuentito japonés.
Los últimos días de mi semana “Tokyota” se caracterizaron por darme la oportunidad de hacer cosas y al mismo tiempo no hacer nada.
Mi buen humor crecía, al mismo tiempo que las flores de cerezo, y el jet lag había desaparecido completamente, permitiéndome al fin aprovechar de mi soñado viaje.
Hablando de sueños, uno de los más grandes que tenía al ir a Tokyo era conocer en persona la estatua gigante de Gundam, ésa que se encuentra en Odaiba. No porque sea gran fanática Gundam, pero cuando me dijeron que era una estatua que echaba humo y todas esas cosas, mi geek interno no pudo retenerse.
Así que atravesamos Tokyo entero para llegar a Odaiba, nos tomamos fotografías en el lugar, hablamos felizmente con una francesa y reímos durante muchos minutos.
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HASTA…

29 septiembre 2017

Forget about it...



Cualquiera diría que ya no tengo la edad para este tipo de dramas, que el vivir en un estado de “fatalidad eterna” es para niñas “emo” de 15 años y no para señoras de más de 30. Y sinceramente, aunque no quiera aceptarlo, debo decir que estoy completamente de acuerdo, que ya no tengo ni tiempo ni energía para todo esto.

No sé cómo llegué a esto. No sé si fue mi depresión post-viaje a Japón o si simplemente dejé que todas mis inseguridades, ésas que llevo cargando sobre mis hombros durante más de 31 años, fueran las que quebraran mi espíritu de nuevo. Lo que sí sé es que después de mi viaje a Japón, empecé a hundirme en una tristeza y en un cansancio inexplicables.

28 septiembre 2017

Estado amoroso: es complicado

Una de las óperas que más ha marcado mi patética existencia es Les Contes d’Hoffmann, de Offenbach.
El día en el que al fin tuve la oportunidad de verla, llegué a la sala de la Opera de París esperando a ser sorprendida por Olympia y su aria de la muñeca, pero finalmente fue Antonia quien tocó mi corazón.


22 septiembre 2017

Concurso de entrada al conservatorio - Parte 2

Dos mil diecisiete, el año de mis fracasos musicales en serie.

El año en el que decidí no escuchar a mi intuición y a mis capacidades físicas y mentales, y decidí volver a intentar el concurso de entrada al conservatorio.

Supongo que el que mi profesor y mi ex compañera de canto me impulsaran a hacerlo, influyó mucho en mi decisión. Porque seamos sinceros, después de esta mediocridad (ver video de abajo), el querer volver a hacer este concurso es un riesgo muy elevado.




Podría poner muchas excusas. Podría justificarme diciendo que el aria del video es muy difícil, que trabajé demasiado causando, de esta manera, un cansancio extremo, que no me sentía segura, etc. Pero la verdad es que lo que cuenta es el resultado, y el resultado no fue brillante.

Para este concurso decidí sacar, sin embargo, la carta del “lobbying”, mejor conocida como la estrategia de “voy a encontrarme con la profesora muchas veces (quien, “casualmente”, es una de las jurados) y practicar muchas veces con Tatiana (quien resulta que también es jurado, de “casualidad” )”. “Coquetear” con dos jurados para llegar a mi fin… 2 jurados de 4… Quizás pueda contar con el apoyo de Tatiana, al menos. 1 jurado de 4…

No sé si me siento orgullosa de estas cosas, ya que para mí lo importante es que me escojan por mi talento y mi dedicación, no por andarle sonriendo a todo el mundo, pero bueno, ya es hora de que me baje de mi nube y usé todos los medios legales para ser aceptada.

El 30 de junio tuve mi primera pre-audición con la profesora de canto: dijo que cantaba con la garganta. Primer fracaso.
Ayer fue mi segunda pre-audición (cuántas pre-audiciones tengo que hacer? “Lobbying”, chicos, lobbying): la profesora, muy amablemente, me pidió que dejara de cantar. Fracaso número 2.

Todavía tengo una semana para mejorar. Tatiana practicará conmigo, y espero realmente que pueda salir algo bueno de todo esto.

Evito juntarme con gente para que el virus de resfriados que anda circulando por estos lados, no desee hacer casa en mí.

El 30 de septiembre es el día decisivo.

No tengo más que decir.

04 septiembre 2017

Nakano vs. Akiba

En cada viaje, hay un momento en el que sentís que el lugar que acabás de descubrir empieza a ser adoptado por tu ser, y va convirtiéndose en tu día a día.
Tokyo comenzó a convertirse en mi mini hogar ese tercer día. Pame y yo ya teníamos establecido nuestro trayecto de Setagaya a Shibuya, con el objetivo principalmente de ver la evolución del Sakura en el puente que quedaba a unos cuantos metros de nuestro Airbnb. Día 3: los botones estaban convirtiéndose en flores.
Tenía esa extraña sensación de que Tokyo iba adoptándome poco a poco a mí también.
Hermine (o cámara fotográfica) pedía “ojos” nuevos para apreciar lo que presenciaba y Japón era exactamente el lugar perfecto para adquirir un nuevo lente usado, pero de buena calidad y en buenas condiciones.
Aprovechando que Pame moría por visitar tiendas de juegos de video usados y de cosas de anime, tomamos nuestros metros hasta Nakano.
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09 agosto 2017

Lolita Makeover en Harajuku

Quienes me conocen saben que dentro de este caparazón de minimalismo y simpleza, habita un ser cuyo amor por los peluches rosados, los arcoíris, los cachorritos, los vestidos, los cheesecake de fresa y todo tipo de dibujo al estilo “Chibi”, lucha contra su odio por la humanidad, su eterno amor por los colores rojo y negro y su decepción permanente.
Esta combinación extraña - que representa una parte de mi personalidad - había estado reprimida exteriormente hasta el momento en el que puse mis pies en Harajuku y su cultura alterna-kawaii-anime-cosplayer-lolita-emo,etc.
Este barrio era uno de los lugares que más soñaba con visitar, mientras organizaba mi viaje. Sentía que al fin podría liberar ese deseo de ser un poco más “completamente” quien soy.
Y no me equivocaba, puesto que fue en Harajuku donde tuve la oportunidad de vestirme, durante 2 horas, como una lolita.
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03 agosto 2017

Senso-Ji (Asakusa) y Meiji-Jingu: tradición post jet lag

Tengo nostalgia. Nostalgia por mi días japoneses y mis momentos extremos a lo “Lost in Translation” en Tokyo, entonces vuelvo a vivir esos días dorados y florales de abril.

1ero de abril. Llego a Tokyo en la mañana, como a eso de las 11. Hacemos una fila, pequeña, en un cuarto que no llenó mis expectativas de ultra tecnología japonesa. Pero llevaba mis sueños y esas cosas.

Recogimos nuestro “Pocket Wifi” y buscamos inmediatamente nuestro tren a Shibuya, el cual parecía aún más limpio y más moderno que el TGV francés… “Amor a primera vista” me dije, y me quedé dormida como consecuencia del jet lag (olvido decir que un muchacho japonés fue muy amable con nosotras y llegó a ayudarnos al ver nuestras caras de perdidas en Tokyo).

Al llegar a Shibuya, las cosas se pusieron un poco críticas. Estaba ese plano de metro sobre nuestras cabezas, pero todo estaba escrito únicamente en japonés.

Traten de encontrar soluciones a esas situaciones con 8 horas de menos de sueño en su cerebro.
Supongo que teníamos apariencias de zombies porque una muchacha se acercó a intentar explicarnos qué pasaba con la máquina en la que estábamos comprando nuestros boletos (simple y sencillamente, la máquina no quería darnos nuestra 2da Suica porque estaba mala).

Decidimos entonces comprar nuestra 2da Suica en otra máquina, con mucho éxito por suerte, pero regresó el problema del plano de metro: ¿cómo demonios íbamos a hacer si no entendíamos nada de lo que estaba escrito?

Apretamos el botoncito para que un agente saliera de las paredes de la estación, pero nada, nunca salió el tal señor. (Sí, yo soñaba con que sucediera esto: https://www.youtube.com/watch?v=gWzhHInOiaY)

Decidimos ser un poco más tradicionales, y nos acercamos a un agente que no se encontraba dentro de los muros, y le preguntamos cómo llegar hasta “Ikejihiri-Ohashi”.

Como el señor no hablaba bien inglés, y nosotras aún peor japonés, éste, muy amablemente, nos llevó hacia la línea de metro que teníamos que tomar para llegar a nuestra estación de destino.

¡Bendita sean la educación y la amabilidad japonesas!

Al llegar adonde Nao, nuestros cuerpos se sintieron como en casa, inmediatamente. El apartamento era perfecto para nuestras almas “aventureras de lujo”: limpio, amplio, iluminado y sobre todo, cercano a Shibuya.

El que estuviera al lado de Shibuya fue toda una bendición, pues nos permitió premiarnos, desde la primera noche, con un Omuraisu – chicken nan ban y muchos regalos de Sailor Moon que quería autodarme.

Y bueno, Shibuya en la primera noche de estancia, siempre es impresionante.
Pero al día siguiente, después de atiborrarnos de “Melon pans” y cafés del 7-11, preferimos quedarnos en lo tradicional, y escogimos como lugar de visita al templo de Senso-ji.